ÁLVARO CASAL
Mañana, en Dakar, comienza el 73º congreso de la organización PEN Internacional. El meollo de este encuentro, que se prolongará hasta el 11 del corriente, tiene que ver con la libertad de escribir.
Hasta 1921 el PEN Club era sólo inglés y abarcaba lo que su sigla sugiere: poetas, ensayistas y novelistas. Pero ahora pueden ser miembros los escritores, traductores, periodistas, historiadores y otras personas calificadas que actúen en cualquier rama de la literatura y estén dispuestas a firmar la Carta Constitucional del PEN.
La institución tiene unos 14.000 miembros distribuidos en 129 Centros que funcionan en 90 países. Afortunadamente, desde hace algunos meses, también en Uruguay.
Decía que el encuentro que se abre mañana tiene que ver con la libertad de escribir. Sí, ya que quienes forman centros PEN deben declarar su apoyo a esta asociación de escritores que, según su Carta, existe para promover la amistad y cooperación intelectual entre los escritores de todo el mundo, sin importar sus puntos de vista políticos o de otra índole, para luchar por la libertad de expresión y para defender vigorosamente a los escritores que soportan regímenes opresivos.
PEN es una organización no gubernamental estrictamente no política, con estatus Categoría A dentro de Unesco. Cada Centro representa a su membresía y no a su país y esa membresía está abierta a los escritores que adhieran a sus principios, sin importar nacionalidad, raza, color o religión.
La necesidad de que el mundo de hoy cuente con una institución de este tipo está ilustrada por la agenda a tratar en la capital de Senegal. Incluye asuntos tan dolorosos como los de escritores exiliados y escritores en prisión.
A menudo los medios nos traen noticias sobre vicisitudes sufridas por escritores. Como el caso de Salman Rushdie, o el del turco Orhan Pamuk. Pero la agenda del PEN revela muchas instancias más, donde se hace necesaria una vigorosa defensa de los escritores. A menudo son instancias para nosotros aparentemente lejanas, aunque no por ello menos preocupantes, como ser la de Afganistán, donde los periodistas están siendo perseguidos, arrestados y hasta muertos o bien amenazados por los talibanes. Es de destacar que los problemas afganos fueron puestos en evidencia por el aparentemente lejano PEN noruego.
Otras veces, no son instancias tan remotas, ya que se refieren a temas americanos. Por ejemplo, lo que denuncia el Centro PEN de escritores cubanos en el exilio, que se declara "alarmado por los acrecidos arrestos de escritores, periodistas independientes y bibliotecarios (en Cuba) a pesar de la opinión pública internacional que reclama derechos humanos democráticos y específicamente libertad de expresión". Este Centro brinda una lista de los escritores que están hoy en prisiones cubanas.
La censura, la persecución, son casi podría decirse temas de siempre. Voltaire estuvo preso dos veces por expresarse libremente y en el siglo XVII el inglés Milton tuvo que redactar un alegato contra la censura previa que quería imponer nada menos que el Parlamento británico. Son sólo dos casos dentro de un catálogo interminable. Pero que la persecución a los escritores libres siga hoy, en pleno siglo XXI, configura un grave insulto a la humanidad y corresponde descontar que el mismo será contrarrestado a partir del encuentro de Dakar.