DÉBORAH FRIEDMANN
"Ahora los niños tienen pesadillas, se levantan asustados, no están contentos". Así definió la situación en los departamentos afectados por las inundaciones, Nidya Quiroz, psicóloga y líder de la misión de ONU, que recorrió la zona en los últimos días.
Es que por más que el agua baje, las consecuencias de las inundaciones están lejos de desaparecer. Más allá de las pérdidas materiales, los efectos psicológicos son observados por maestros, psicólogos, asistentes sociales, jerarcas y voluntarios.
No es para menos. Las inundaciones como las que enfrentó Uruguay pueden ser clasificadas como un "desastre masivo", dijo a El País Leo Wolmer, psicólogo clínico uruguayo y director del Centro de Trauma y Desastres Donald J. Cohen & Irving Harris de Tel Aviv.
Este tipo de fenómenos provoca un estrés agudo "prácticamente" en todas las personas que lo viven, señaló el vicepresidente de la Sociedad Uruguaya de Psiquiatría Manuel Alcalde. "Eso lo produce ver que el agua sube, tener que dejar la casa y también en ocasiones la escuela", dijo.
"El cuadro tipo es el que ocurre en animales, quedarse o huir ante situaciones como esa. La tercera actitud, bien humana, es la tensión, la angustia y la ansiedad. Eso pasa cuando no se puede resolver el problema", señaló Alcalde.
Lo que viene después de la inundación, el retornar a los hogares, ver que se perdió todo o casi todo, puede provocar estrés crónico, que se manifiesta con ansiedad, angustia y depresión. Es que encontrar la salida no suele ser fácil. El estrés puede convertirse con el correr del tiempo en una patología más seria: el estrés postraumático.
Esto ocurre cuando la persona recuerda el hecho, puede perder contacto con la realidad y volver a vivir el evento durante unos minutos, horas o días. "Lo ideal es trabajar con las personas afectadas para que no se llegue a ese punto", indicó.
Wolmer, por su parte, consideró necesario identificar a las víctimas cuyo riesgo en desarrollar estrés post traumático es mayor. Son aquellos que vivieron traumas o experiencias extremas en el pasado como accidentes, violencia, divorcios, muerte de seres queridos, quienes padecen de problemas de salud mental y los que pertenecen a familias disfuncionales.
EN ACCIÓN. El INAU envió equipos de psicólogos a los departamentos afectados por las inundaciones. Están capacitando a maestros y otros operadores sociales en los efectos que los niños tienen en emergencias de este tipo y cómo afrontarlas, dijo a El País su presidente Víctor Giorgi.
Graciela Loarche, una de las psicólogas que estuvo en Soriano, se está especializando en España en situaciones de catástrofes. "Recalcamos que las conductas que pueden aparecer ahora son normales. Lo que es anormal es la catástrofe", dijo a El País. "Todos en Mercedes tienen algún grado de afectación. Cada uno reacciona de acuerdo con su propia historia, su situación, por ejemplo si tiene familia", apuntó.
La tarea de los psicólogos es reunirse con referentes de los menores (maestros, personal del INAU y de Centros Caif), para orientarlos sobre las reacciones más comunes de los niños y sobre cómo actuar.
En el material que repartieron señalan que ante una emergencia las personas reaccionan con malestares físicos, retraimiento, falta de motivación, permanecer en silencio y negar lo sucedido.
En el caso de los niños, a ello se le agregan otros comportamientos frecuentes: orinarse en la noche, menos interés en jugar, chuparse el dedo, no querer volver a la escuela ni separase de sus padres y conductas inusuales. Aparece además tristeza, llantos frecuentes, miedo a estar solos, cambios en los hábitos alimentarios y temores ante la lluvia, la oscuridad o los ruidos fuertes. Las expertas realizan recomendaciones sobre cómo deben actuar padres y maestros en estos casos.
En Durazno, niños de la escuela de Santa Bernardina volvieron el miércoles a clase. Sus maestras fueron instruidas para ser "fuertes" ante la situación, pero comentan que no es fácil.
"Los niños se muestran sensibles, lloran por cualquier cosa", comentó una docente. Los efectos de la tragedia aparecen en dibujos y relatos y también en las conversaciones entre padres. Los tres hijos en edad escolar de Patricia Ruiz, reciben apoyo psicológico. "Salimos evacuados. Ellos lloraban porque querían venir a la escuela pero estábamos en el Club Nacional y no era posible".
En Treinta y Tres, el equipo de psicólogos del INAU encontró una "comunidad muy fuerte" y también constató efectos en los niños. "Hay un clima de inquietud general por la alteración de la rutina y de la cotidianeidad. Determinados aprendizajes previos parecen ya no estar. Cuando las vocales ya las sabían, hay que volver a enseñárselas", dijo a El País la psicóloga Natalia Costa.
Lo que intentan transmitir a los pequeños es que en la vida se pierden muchas cosas, pero se ganan otras. "Tal vez la mascota que yo tenía no está más, pero mi vecinito de más lejos tenía un buzo que me lo quiso regalar porque no la estoy pasando bien", dijo.
REACCIONES. Loarche quedó impactada cuando llegó a Mercedes. La gente le mostraba las casas, hasta dónde llegó el agua y tenían necesidad de hablar. "También vimos mucha gente con negación. Creen que el agua se retira y su vida seguirá normalmente. Les cuesta entender que los efectos persisten", dijo. En la capital de Soriano no se suspendieron las clases escolares y eso fue positivo para los niños. "El horario escolar organiza. Va contra el caos y la confusión", sostuvo Loarche.
Los maestros y directores se preocupan por los niños que continúan faltando a la escuela. El INAU dispuso que una camioneta lleve y traiga a los que aún están evacuados. "Hay niños tristes, otros más hiperactivos. Y los adultos temen cómo reaccionarán los pequeños cuando vuelvan a sus hogares y vean lo que quedó", comentó.
Algunos niños institucionalizados en el INAU, que fueron evacuados, vivieron las inundaciones con "tristeza", otros como "una aventura" y hay quienes no terminan aún de comprender lo que pasó. "Ellos están en una cultura de la carencia. Se encuentran con que reciben cosas nuevas y hasta pueden llegar a ponerse alegres por la situación", dijo Loarche.
Por estos días, la población enfrenta el regreso a sus hogares. "Ven lo que quedó, que perdieron cosas materiales, fotos, recuerdos familiares", señaló. En los adultos, este tipo de pérdidas puede generar irritabilidad y aumento de la violencia.
En las charlas que mantuvieron en Mercedes afloraron otros sentimientos: "Entre los que trabajan con los evacuados había enojo porque se avisó que se venía la inundación y la gente no se fue enseguida. No lo entienden", dijo Loarche.
En esta etapa, dijo, constató que existe una negación de que pueda volver a llover en estos días. "Eso es impensado", comentó. De todos modos, ella y otros profesionales creen que cuando llueva en forma intensa en la zona, habrá gente que opte por salir de sus hogares, por más que no haya riesgo de crecidas.
(Producción: Víctor Rodríguez, Marco Rivero y Federica Narancio)