"Quizás acá, parte del público se hartó de mí"

Jorge Drexler: El músico presentará su último disco, "12 minutos de oscuridad", mañana en el Plaza

 tapa espectáculos 20070420 300x300

Fabián Muro

El cantautor vuelve a Montevideo para presentar oficialmente 12 segundos de oscuridad, su último disco, en el Cine Plaza. Con las canciones de ese álbum ha recorrido España, parte de Estados Unidos y Argentina. De ahí probablemente las ojeras que marcan su rostro. Anda con La vida eterna, de Fernando Savater, bajo el brazo y pide para sacarse las fotos con ese libro. Dice que quiere promocionarlo.

"Savater es, de los pensadores en castellano vivos, mi favorito. Es un tipo muy valiente, que se juega la vida cuando escribe: es uno de los objetivos de ETA. Cuando se desmanteló el Comando Donosti, se descubrió que había un importante seguimiento de Savater, para matarlo. Este libro habla, analiza muy a fondo la creencia religiosa. Básicamente la desmantela".

Drexler se define como "no creyente" y piensa que el libro de Savater es importante porque expone un tema decisivo en el mundo de hoy, que es el enfrentamiento entre la ortodoxia y la heterodoxia. "No creo en el Dios que uno piensa cuando le preguntan si uno cree en Dios. No es que no crea que haya una inteligencia o una lógica superior. No creo en un señor que tenga pasiones humanas como el odio, ni que te castigue o te premie. Pero sí creo en una `divinidad` dentro del ser humano. Este libro habla del enfrentamiento entre la ortodoxia y la heterodoxia. Esos son los mundos que se enfrentan ahora, y el más frágil es el que está a favor de la libertad, del estado de derecho y el respeto. La otra no duda, se cree facultada para poner una bomba en los trenes de Madrid o invadir Irak", explica.

Más allá de sus lecturas y el aparente cansancio, el músico se encuentra en uno de sus mejores momentos artísticos. 12 segundos de oscuridad ganó el premio más importante de la industria musical española, su segunda gira por Estados Unidos fue aclamada por la prensa de ese país y este mes realizará tres fechas a sala llena en el Gran Rex de Buenos Aires. Con todo, Drexler no logró en esta oportunidad la convocatoria que esperaba, algo que el músico reconoce sin problemas. "Tal vez me demoré demasiado en venir a presentar el disco a Montevideo".

- ¿Le sorprende haber obtenido la repercusión que tuvo con un disco que es introspectivo para lo que habitualmente hace?

- Me tiene muy asombrado. Nunca tuve una afluencia de público a mis conciertos como presentando este disco, por ejemplo. Nunca había ganado un premio tan importante como el que gané en España, al Mejor Disco del Año, por encima de artistas como Alejandro Sanz y Dover, que son mucho más populares que yo. Todo esto me da confianza para seguir haciendo lo que siento que tengo que hacer en el momento de grabar.

- ¿No le resultó un poco más difícil hacer eso para cuando grabó "12 segundos...", considerando que era el primer disco luego del Oscar y que eso generaría otro tipo de expectativas?

- No. Siempre tomé las decisiones artísticas. Y soy de estar en todo. De ahí que tanto los aciertos como los errores sean míos. La tapa del disco Llueve, por ejemplo, es muy fea. Pero fui el responsable de eso, nadie más. Y un disco como Frontera, del cual estoy muy orgulloso, también es responsabilidad mía, porque elegí el equipo de producción, elegí a músicos como Luciano Supervielle mucho antes que integrara Bajofondo Tango Club. Entonces, cuando fui a grabar este disco, hice lo de siempre: componer y grabar tomando las decisiones que consideraba eran las mejores. Lo que sí sabía de antemano es que se me prestaría más atención, lo que me dio carta blanca para hacer lo que quería, porque de todas formas sería considerado y escuchado. Pero admito que tal vez no me hubieran editado 12 segundos…cuando estaba en Virgin. Muy probablemente, me hubiesen dicho que un disco así, sin una foto mía en la tapa, con la palabra "oscuridad" en el título, sin un single claro, no iba a funcionar. Pero en Dro me siento muy a gusto, es un sello valiente en un momento en el cual la industria se está desmoronando. Bueno, por algo ese sello editó El salmón, de Andrés Calamaro, que es un disco quíntuple.

- ¿La mayor atención que se le dio a las canciones y también a su persona, no le trajo problemas?

- No. Uno puede usar esa infraestructura, ese mayor apoyo que se tiene por parte de medios, sello y público, para lo que uno quiera. Si uno quiere usar todo eso para ser más famoso, es una fuerza formidable. Pero lo que yo quiero hacer son canciones buenas y que me reflejen como persona.

- ¿La repercusión que tuvo este disco no lo condiciona para el futuro?

- Tampoco. No porque un disco melancólico me haya dado buenos resultados voy a seguir en esa senda. Esta vez me salió esto, en el futuro veremos cómo me siento, en qué estado de ánimo voy a estar cuando me siente a componer. Antes de este disco, bien podría haber pensado que lo que la gente quiere de mí son canciones que hablen de mis orígenes, de mi ciudad, de las fronteras, de la esperanza, de luces al otro lado del río…Porque hasta 12 segundos…esos eran los temas que yo trataba en mis canciones y no me iba nada mal. Pero este disco no tiene nada de eso, sino que es uno que describe una tormenta interior, algo muy individual. Es un álbum que nace de la crisis de una persona, compuesto en un momento de oscuridad. Lo que me parecía interesante era dar cuenta de lo que uno hace en esos momentos, si espera la luz o aprovecha el intervalo de oscuridad para aprender algo, salir adelante.

- Ud. anunció primero el concierto en el Teatro de Verano y ahora lo cambió para el Plaza. ¿Por qué?

- Hay dos respuestas para eso. Una es la climatológica, que es la más correcta. Y otra es que las entradas no se estaban vendiendo con la suficiente rapidez, que es la más sincera (ríe). No sé qué irá a pensar la productora del show cuando lea esto, pero yo nunca fui de ocultar nada. Cuando no vendía discos, lo reconocía. Y ahora que vendo más discos que antes, también lo digo.

- ¿Le duele constatar esa merma en convocatoria acá, sobre todo pensando que en otros países, como decía, nunca tuvo tanta afluencia de público?

- No sé…No lo entiendo, no tengo una opinión formada. En Chile ya tengo más entradas vendidas que acá… Por ahí, puedo pensar que mucha gente ya sabe que mi show se ve mejor sentado, con un grado de proximidad importante y que tiene un trabajo visual de Nacho Benedetti, que fue muy elogiado en España por sus imágenes y también sus programaciones, que se aprecia mejor en un lugar cerrado y más chico. O esa gente puede pensar que ya me vio en la cumbre Iberoamericana y no me quiere ver tan pronto de vuelta, aunque ahí no toqué casi ninguna canción de este disco. O, tal vez y con toda la legitimidad del mundo, ese público puede estar harto de una cara que se vio mucho en los medios de comunicación desde lo del Oscar. Puede ser eso también. Yo nunca empujé a nadie para que vaya a verme y siempre pensé que es mejor tocar para 50 personas por las razones correctas que para 5.000 por las razones equivocadas. Pero al mismo tiempo, también es cierto que vengo a presentar este disco más de medio año después de que salió a la venta. Eso tiene un precio. Yo me concentré mucho en el mercado español este año y muy poco en el uruguayo. Y hay que trabajar para obtener los resultados que uno quiere. Esta vez vengo un poco tarde, pido disculpas por eso. Tal vez, cuando haga la segunda parte de la gira y pueda volver, vaya a tener otro tipo de respuesta, no sé.

- Ud. siempre cambia un poco el enfoque cuando presenta sus canciones en vivo. La misma canción casi nunca suena igual de una gira a otra. ¿Será así también esta vez?

- Sí, porque no me gusta poner el piloto automático. Luego de la gira por España, varias de las críticas decían lo mismo, que a las canciones más viejas cuesta hasta reconocerlas. Y las nuevas no están basadas en los arreglos del disco. Me aburriría tocar todo como está en el disco. Si uno piensa que en un disco pueden llegar a grabar cerca de veinte personas y luego uno sale de gira con 4 músicos, bueno, no tiene mucho sentido tratar de reproducir lo que está grabado, me aburriría mucho. Además, detesto la idea de tratar a un músico como un burócrata, alguien que viene a cumplir con un esquema preestablecido, que se aprende sus partes y las realiza siempre de la misma forma. El día que me dé cuenta de que mis shows corren con el piloto automático puesto, que no pasa nada nuevo, ese día me retiraré de los escenarios para tal vez dar lecciones de guitarra o ejercer la otorrinolaringología.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar