Lo calificaron como uno de los decanos del cine italiano y uno de los más grandes de la comedia a la italiana. Falleció el jueves, con 90 años, y fue enterrado ayer. Dos grandes temas en la obra de Luigi Comencini, de unas 40 películas, habían sido la niñez y el proletariado.
Por encima de esa extensa filmografía, sobresale hasta hoy Pan, amor y fantasía, una película de 1953 que lo hizo conocer en todo el mundo. Los protagonistas, el mariscal Carotenuto encarnado por Vittorio de Sica y María La Bersagliera, encarnada por Gina Lollobrigida, estuvieron al frente cuando la película ganó el Oso de Plata en el Festival de Berlín de ese año, y todo el mundo comenzó a hablar de ellos. El éxito fue tal, que en 1954, Comencini continuó la historia con una segunda película: Pan, amor y celos.
Comencini había nacido en Saló, al norte de Italia, el 8 de junio de 1916. Estudió en París y luego arquitectura en Milán. Se dedicó a la crítica cinematográfica en el diario socialista Avanti, luego de la Segunda Guerra; y, junto con Alberto Lattuada, director de Il cappotto, contribuyó a la fundación de la cinemateca italiana.
Su debut como director había sido antes, en 1946, cuando estrenó Niños en la ciudad, y continuó en 1949, con Prohibido robar, las dos centradas en conflictos realistas protagonizados por niños de la calle. De hecho, reseñan los críticos, gran parte de su filmografía está marcada por su mirada personal sobre el mundo de los niños, con películas como El incomprendido, Casanova un niño en Venecia y Corazón.
A lo largo de su obra hubo una continuidad "social". Los grandes protagonistas de sus películas fueron "los humildes y los perseguidos". Esto puede verse claramente en La Storia, una película de 1987, basada en la novela de Elsa Morante e interpretada por Claudia Cardinale. Esta película, como dato para cualquiera que intente acercarse a su filmografía, era considerada por él como su testamento cinematográfico.
De hecho, en virtud de este tipo de trabajos, fue acusado de "asesino del neorrealismo".
Se destacó también en el género de la comedia macabra, con Sembrando ilusiones (1972), con Bette Davis y Alberto Sordi. También supo dar un matiz de erotismo a la comedia con Laura Antonelli en ¡Dios mío, qué pecado!, filmada dos años después. Retomó la crítica social con la delirante El gran embotellamiento de 1979.
Cardinale y Luigi
Claudia Cardinale tuvo la oportunidad de trabajar con Comencini sólo en dos ocasiones, con 23 años de diferencia. "Trabajar con él fue una experiencia maravillosa. Era realmente increíble, un hombre dulce y amable", describió. Juntos filmaron La ragazza di Bube, en 1963, y La storia, de 1986.