Un Nacional de mucho limón y sal

EDWARD PIÑÓN

Tus hinchas están dulces y parece que no sienten el ardor que provoca la derrota.

Tus dirigentes, los que se quedaron, tienen los bolsillos rotos y se cortaron las uñas para no tener siquiera la posibilidad de rascar en las partes más profundas.

Tus dirigentes, los que se fueron, no quieren estar a tu lado, no sea cosa que la marea se lleve al barco al fondo y tengan que hundirse como los viejos capitanes.

Tus jugadores, los que eran gladiadores, perdieron las espadas y los escudos, vaya a saber por dónde.

Tus pequeños maestros ya no saben dar clase, ni recomendar una buena página de un libro para aprender.

Tus magos perdieron los trucos o se le agotaron las ganas de hacer magia.

Tus veloces atletas ya no corren con tanta energía, si hasta parece que se quedaron sin nafta en los botines.

Tus experientes hombres se convirtieron en los más inexpertos del mundo.

Tus entrenadores todavía no encontraron la brújula que quedó guardada en algún armario.

Tus amigos contratistas te recomendaron decenas de paquetes y algunos hasta te empaquetaron.

Tus enemigos disfrutan con tu cambio.

Tus ex dirigentes están de brazos cruzados esperando que rememores los viejos tiempos.

Y de tu presente, Nacional, ¿quién se acuerda?

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