Escudos humanos protegen a Bush

La compleja labor de seguridad del Servicio Secreto

La presencia del Servicio Secreto de Estados Unidos en el trabajo de coordinación de la visita del mandatario estadounidense George W. Bush a Uruguay con los responsables locales, forma parte de su misión habitual cuando el presidente viaja, tanto sea al exterior como dentro de Estados Unidos. El personal del Servicio Secreto está trabajando desde hace días en los preparativos.

La presencia de Bush en Uruguay ha motivado una planificación de seguridad nunca antes vista en el país, mayor aún que la implementada en noviembre pasado con motivo de la XVI Cumbre Iberoamericana.

El Servicio Secreto es la unidad gubernamental donde sirven los 250 agentes especiales encargados de proteger físicamente a Bush, su esposa Laura y al resto de los miembros de la delegación oficial. Los orígenes de este servicio se remontan a 1865, cuando se creó como parte del Departamento del Tesoro de Estados Unidos. Su función original era combatir la falsificación del papel moneda. Luego de la Guerra de Secesión, se estima que entre el 30% y el 50% de la moneda circulante era falsa.

En 1901, luego del asesinato del presidente estadounidense William McKinley, la función principal del Servicio Secreto pasó a ser la protección de la vida del presidente. Hoy, el Servicio Secreto tiene además la misión de investigar delitos contra el sistema financiero de Estados Unidos.

Por una ley, el Servicio Secreto estadounidense está autorizado a proteger a una larga nómina de personas que integran o integraron el gobierno, familiares y visitantes extranjeros. El presidente, el vicepresidente; el presidente y vicepresidente electos, los familiares de primera línea de los mencionados, los ex presidentes y sus esposas que no hayan vuelto a casarse, los hijos menores de 16 años de los ex presidentes, los jefes de Estado y de gobierno extranjeros y sus esposas cuando viajen con ellos, los principales candidatos a presidente y vice, junto con sus esposas, y otras personas por orden directa del presidente reciben la protección del Servicio Secreto.

Hasta 1965, los ex presidentes recibían protección de por vida, pero en 1997 se aprobó una ley limitando la protección a los 10 años posteriores al fin del mandato. El ex presidente Bill Clinton ha sido el último en recibir protección de por vida.

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