ROMA EL PAIS DE MADRID
Los políticos italianos son los más ancianos de Europa. El presidente del Gobierno, Romano Prodi, tiene 67 años. El jefe de la oposición, Silvio Berlusconi, tiene 70. El presidente de la República, Giorgio Napolitano, cumplirá pronto los 82.
Pero la gerontocracia política no es una anomalía. La población italiana es la más vieja de la Unión Europea, con una media de 42 años, y la sociedad parece haber evolucionado hacia un sistema gerontocrático que bloquea el ascenso de los jóvenes.
Pocos países tratan tan bien a sus niños como Italia. Se les acoge con placer en los restaurantes, se les comprende cuando lloran, se les mima en casa y fuera.
Los problemas de los pequeños italianos llegan más tarde, en la juventud. El desempleo de los menores de 25 años supera el 27% (la media europea es del 17%), pero tampoco eso es lo más grave. Lo peor es el tapón que encuentran cuando superan la treintena y, cerca de los 40, se aproximan a la edad en que deberían empezar a asumir el mando del país. Porque los mayores están ahí y no ceden su puesto. Confindustria, la gran patronal italiana, ha presentado esta semana un informe alarmante. Ha identificado las 17.000 personas que componen la élite dirigente y ha encuestado a 6.000 de ellas. El primer resultado confirma el reforzamiento de la gerontocracia: la edad media de la élite es de 61 años. En 1990 era de 56. El segundo resultado explica la lógica por la que Italia parece encallada en una crisis política y social a repetición, lo que Romano Prodi calificó el martes ante el Senado de "transición interminable".
¿Cómo razona la élite italiana? Cuando se les pregunta por las virtudes que consideran ideales para dirigir el Estado, las empresas o las grandes organizaciones sociales, los patrones de Italia citan, por este orden, la visión estratégica y la capacidad de anticipar los problemas; la capacidad de decidir; la capacidad de innovar, y el sentido moral. Cuando se les pregunta por sus características reales, los patrones reflejan con total sinceridad las causas del bloqueo.
La principal característica que se atribuyen es la de "disponer de relaciones importantes". La segunda, "privilegiar la tutela de los intereses sectoriales frente a los intereses generales". La tercera, "la defensa de los objetivos personales". La cuarta, "la riqueza personal".
El presidente de Confindustria, Luca Cordero di Montezemolo, un hombre dinámico y juvenil, pero cercano a los 60 años, dijo que el estudio era "preocupante" y reclamó a la sociedad que tomara "a los jóvenes y a su futuro como punto de referencia".
¿Por dónde se empieza a tomar a los jóvenes como "punto de referencia"? No en la política. Los sucesores naturales de los actuales dirigentes, los Prodi y Berlusconi, empiezan a ser anquilosados. Massimo d`Alema, canciller y presidente de los Demócratas de Izquierda, tiene casi 58. Walter Veltroni, alcalde de Roma y gran esperanza de los progresistas, tiene 52. Gianfranco Fini, el joven líder de la derecha, 55. Pierferdinando Casini, líder democristiano, 52. En tal ambiente político, resulta casi normal que el inmarchitable Giulio Andreotti, con 88 años, siga sentando cátedra en el Senado.
Y eso se repite en el mundo del espectáculo.
En octubre de 2005, un programa de televisión irrumpió en los televisores italianos y obtuvo una audiencia abrumadora: una media del 46%, con picos del 60%. El programa se llamaba Rockpolitik y fue considerado transgresor y polémico, hasta el punto de que Forza Italia, el partido de Silvio Berlusconi, amenazó con acudir a los tribunales. Su creador y presentador era un hombre de 69 años, católico fiel, antiguo votante democristiano, llamado Adriano Celentano. El mismo Celentano que en 1961 causó escándalo en el Festival de San Remo porque empezó a cantar de espaldas al público.
El Festival de San Remo sigue celebrándose y sigue retransmitiéndose en directo, en prime time y con excelentes audiencias (44% de media). El sábado concluyó la edición de este año, presentada por Pippo Baudo, un veterano de 71 años. Baudo es un muchacho si se le compara con el celebérrimo Mike Bongiorno, que estuvo presente en los inicios de la televisión italiana y es todavía, con 83 años, la estrella de Rete 4, uno de los tres canales de Silvio Berlusconi.
cine y música. El San Remo de 2007 alcanzó una de sus puntas de audiencia durante la actuación de Renato Zero, un transgresor de los setenta que a los 56 años no cede un punto de popularidad. Luciano Ligabue, la máxima figura del rock italiano, tiene 47 años. Eros Ramazzotti, joven ídolo de la nueva canción, tiene ya 43.
En cinematografía, Nanni Moretti se mantiene, a los 53, como el personaje rompedor y contestatario por antonomasia. El propio Roberto Benigni, actor, director y bufón satírico, ha cumplido los 52. Y no existe manifestación de izquierdas digna de ese nombre que no cuente en la cabecera con Dario Fo, de 81 años. La esposa de Fo, la actriz Franca Rame, accedió al Senado en las elecciones de 2006, con 78 años. No es, por supuesto, la senadora más anciana. Ese honor recae en Rita Levi Montalcini, premio Nobel de Medicina y figura señera de la investigación italiana, con 98 años.
Dato: La edad media de la elite política italiana es de 61 años, en 1990 era de 56
Datos económicos
El mismo problema se da en la educación. La edad media del profesorado es de 51 años, aunque se reduce un poco, hasta los 48, en el segmento de la escuela primaria. De casi 700.000 maestros y profesores italianos, sólo 6.000 tienen menos de 30 años. Incluso los suplentes, la categoría que suele acoger a los recién licenciados, superan en promedio los 40 años. Los datos resultan llamativos porque los docentes italianos se jubilan entre los 56 y los 58 años: hasta la reforma de 2005, bastaba cotizar 35 años para retirarse con la pensión completa. Como comparación, los docentes británicos tienen una media de 41 años, y los franceses, de 40.
La baja natalidad y la elevada expectativa de vida son características comunes a toda Europa occidental. En Italia, esas características resultan especialmente agudas, y unidas a la temprana edad de jubilación crean un problema financiero. Por si no tuvieran bastante con una deuda monstruosa, del 106% del producto interior bruto, la más alta de Europa junto a la belga, los ministros de Economía deben hacer frente a las pensiones globalmente más onerosas. En España, las pensiones suponen el 10% del PIB, es decir, de toda la riqueza que produce el país en un año. En Gran Bretaña, el 11%. En Francia, el 13%. En Italia se llevan el 15%.