MIGUEL CARBAJAL
Humboldt lo hizo antes, y con unos resultados tan luminosos como los que obtuvo Darwin cuando tuvo su primer contacto con el continente americano. Ambos son dos europeos empecinados en tareas de rescate en tierras donde sus pares europeos destinaron a camposantos.
La voracidad cultural (y sensibilidad) que los alemanes evidenciaron a lo largo del continente sigue siendo sorprendente. Clemens von Thümen alcanzó la costa uruguaya a mediados del siglo pasado. Se vinculó primero con el empresariado local, tuvo la astucia de comprarse una casita en Bella Vista y llevado por los negocios terminó radicándose en Paraguay. Pero mantiene, como si fuera un rito religioso, la fuerza de su original esquema operacional.
El año está hecho para trabajar en Asunción y alrededores pero en diciembre se instala hasta marzo en Bella Vista. Esa posibilidad de cargar de aire oceánico los pulmones todos los años le facilita la carga paraguaya. Aunque Clemens jamás ha vivido a Paraguay como una carga, sino todo lo contrario. Cuando Clemens conoce a Gisela la historia se perfecciona. Esa mujer hermosa y de porte es un volcán en acción: todo le llama la atención, todo le importa, todo la motiva. Paraguay deslumbró a Gisela, pero el cálculo marital la derivó antes al verano en Bella Vista, donde le formula una promesa que cumplirá con rigor alemán: la canícula se disfrutará siempre a espaldas del Pan de Azúcar, ese rincón de Maldonado que muchos señalan como un lugar con magia. Clemens es un empresario con éxito en Paraguay y en los últimos años un cronista económico de primera línea que publicará un libro, inteligente y revelador, que es un poco la historia que corre detrás de la historia. Hay mucho Humboldt ahí.
La infatigable Gisela von Thümen, por su parte, es la presidenta de la Sociedad Filarmónica de Asunción y el motor de múltiples tareas culturales. Ha tenido una enorme incidencia en investigaciones que se centraron originariamente en torno a las reducciones jesuíticas, un complejo que a lo largo de 150 años creó más de 30 pueblos, con una población organizada de 150.000 indios, que alcanzó una nueva forma de convivencia y cumbres irrepetibles en el terreno de la arquitectura, el urbanismo, la escultura y la música. Dominico Zipoli fue una de las glorias barrocas del período, para citar un ejemplo que enceguece.
Vinculada primero al cine alemán, de quien fue su primera difusora, a la literatura, a las artes plásticas, Gisela ha influido desde la difusión de las artesanías hasta los planes antropológicos. En los últimos tiempos ha sido la música su principal preocupación. Entre los proyectos que respalda está Sonidos de la Tierra, una invención de Luis Szarán que ha llevado la música a manos infantiles.
Los von Thümen mantienen en un departamento en Asunción pero pasan los fines de semana en Areguá, patrimonio cultural de la Humanidad. Aparte de ser los vecinos más famosos de Bella Vista.