Facilitar la adopción

MARÍA JULIA POU

La realidad nos dice que en nuestro país se llevan a cabo unas cincuenta adopciones por año y que la demanda -por cierto insatisfecha- sería entre trescientas y cuatrocientas solicitudes de adopción. Lo primero que debemos decir es que la actitud de querer adoptar un niño nos habla de sentimientos elevados, nobles, de una generosidad digna de imitar y difundir. Por ello es que hoy queremos asomarnos a las dificultades que existen para los diversos actores que están rodeados de escollos burocráticos y también de algunas discusiones acerca de los roles a cumplir por quienes están involucrados en el mismo.

A nuestro entender luego del inicio del trámite administrativo, el llamado período de la "dulce espera" -es decir nueve meses- que debe transcurrir entre la solicitud de adopción y la consumación de la misma, es una acertada medida para la preparación de los futuros padres adoptivos: es importante que la lógica ansiedad de los futuros padres no impida que lo que se pretende con este instituto quede claro: se busca un niño para un matrimonio y no un matrimonio para un niño. No nos olvidemos que con la adopción se busca equilibrar el área afectiva de los menores que por causas diversas no tienen la posibilidad de crecer en una familia biológica que los ampare. Y por otro lado, el satisfacer la necesidad de dar amor de una pareja que está dispuesta a volcar su caudal afectivo en un menor que carece del mismo. Esta visión humana de la adopción deberá estar presente en todas las consideraciones que se hagan al respecto. Es por esto que la flexibilidad para la tenencia -bajando los plazos actuales, quitándole rigideces al tema de la edad- es un factor de peso en este tema, algo que puede facilitar el proceso de fortalecimiento de los lazos afectivos.

Nos importa decir que por supuesto nos oponemos a la pérdida de la patria potestad por motivos económicos y para evitar esa injusta situación se nos ha sugerido algún esbozo de solución. Entre otras personas, nos decía la doctora Stella López que hay que evitar penalizar la pobreza, el no poder cumplir con los deberes de padre por falta de recursos económicos. Para ello quizás la creación de un fondo especial pueda ayudar a evitar esa eventualidad. También pensamos que cuando existe en nuestro país un Ministerio de Desarrollo Social que atiende a unas 79.000 familias no debería quedar afuera de sus competencias el atender los casos de abandono de las obligaciones de los padres por falta de recursos. El abandono no se mide más que por un grave debilitamiento de los lazos afectivos y esto es relevante pues el abandono configurado por parte del padre biológico lleva a la pérdida de la patria potestad. Por último queremos plantear la preocupación que genera en mucha gente dedicada al tema que hoy nos ocupa el hecho de la eliminación de la legitimación adoptiva como un instituto diferente al de la simple adopción. En los hechos se recurre la mayoría de las veces a la legitimación pues es la que transforma un hecho biológico en un hecho jurídico. Actualmente en la adopción y en la legitimación adoptiva interviene el Poder Judicial para definir el destino de los menores. Pero en el proyecto que está a estudio se le da una preeminencia al INAU -que interviene primero, quedando como centro de poder exclusivo en la materia- mientras el Poder Judicial solo se entera de las decisiones ya tomadas, quedando así postergado, relegado. No nos parece una buena idea.

La actitud de querer adoptar un niño nos habla de sentimientos elevados, nobles, de una generosidad digna de imitar y difundir.

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