JORGE SAVIA
Un antiguo dicho popular de mediados del siglo pasado rezaba que "todos toman naranjada y el pobre naranjo nada".
Tal es lo que pasa con los clubes del fútbol uruguayo y casos como el de la vuelta de Omar Pouso, que es un excelente jugador, y se trata de un muy buen jugador y correctísimo muchacho, lo que se puntualiza para aventar cualquier suspicacia acerca de la animosidad que pudiera haber al tomarse como ejemplo la situación del volante mercedario.
Es decir, hasta por una razón de carácter humanitario, el club debe dejar que el jugador se vaya en cualquier momento, y tener que poner plata -como lo hizo Peñarol con Arévalo Ríos después de fracasar en el intento de incorporar a Julio Mozzo- para traer a otro futbolista que ocupe esa plaza.
"No hay que negarle el golpe de fortuna a nadie", como dijo siempre el Cr. Damiani. Pero, resulta que, si ese golpe de fortuna después no termina en la forma imaginada, es el mismo club -que en el caso de Peñarol ahora tiene el mediocampo completo porque a la venida de Arévalo Ríos hace poco le sumó la del ex palermitano-el que banca las consecuencias de que la operación no haya tenido el final esperado.
Así, entonces, no hay cuerpo que aguante.
Todos toman naranjada y los pobres clubes nada.