Federico García Vigil: 20 años no es nada

HUGO GARCÍA ROBLES

La presencia de un director estable ha hecho de las orquestas del mundo instrumentos más perfectos, capaces de responder a las exigencias de su tarea con mejores resultados. Esta ha sido la razón de la fama de numerosas agrupaciones instrumentales que consolidaron etapas de calidad mítica, mediante el recurso de mantener la misma figura en el podio.

Arturo Toscanini y la Sinfónica de la NBC, Furtwngler y la Filarmónica de Berlín, la de Leningrado con Mravinsky y la propia orquesta del Sodre cuando pudo durante un año entero, aprovechar la batuta del maestro argentino Juan José Castro, son ejemplos de esta comprobación.

El reciente anuncio del retiro relativo del maestro Federico García Vigil después de veinte años de trabajo permanente como director de la Filarmónica de Montevideo es otro caso de la virtud de esa fórmula. Durante las dos décadas que ha durado su presencia al frente de la orquesta, el organismo creció y se estructuró como un disciplinado instrumento, apto para distintas ocasiones. Así se la escuchó en las funciones de ópera, conciertos sinfónicos o con la integración de bandoneones y la voz de Miguel Ángel Maidana abordando el tango.

En la perspectiva inmediata Federico anuncia que piensa dedicar parte de su tiempo futuro a su carrera como director fuera de fronteras y a la composición, sin renunciar a la aparición de tanto en tanto, al frente de la Orquesta Filarmónica de Montevideo. Al mismo tiempo, su retiro y el ingreso de Álvaro Méndez como director de programación de la orquesta, asegura la continuidad. Méndez ha sido en todo este tiempo el colaborador inmediato en las responsabilidades de Federico García Vigil.

Por otra parte y lo ha declarado el propio director, este paso al costado, permitirá el acceso a la dirección de la Orquesta a los nuevos jóvenes maestros que, en muchos casos, García Vigil ha formado en su cátedra de dirección.

En síntesis, parece que la decisión del director estable no significa un cambio radical, aunque quizá convendría, vistos los resultados de la presencia de García Vigil en estas dos décadas, pensar en una figura equivalente que cumpliera las tareas que él deja vacantes. Por supuesto, esta decisión corresponde a las autoridades municipales competentes.

La trayectoria de García Vigil ha contemplado una proyección de la Orquesta hacia las clases populares, con programas y actuaciones que intentaban ganar oyentes nuevos de la periferia social. El recurso del tango se inscribe en esta dirección y nos ha parecido siempre digno de aplauso. Otros ejemplos, como la asociación con la murga o el llamado candombe han errado, en nuestra opinión, el camino.

De todas formas, las grabaciones en CD de la Filarmónica de Montevideo, dirigida por García Vigil, de los maestros uruguayos y de Galas de tango son una referencia permanente de los aciertos de estas dos décadas que aparentemente se cierran parcialmente ahora.

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