JORGE SAVIA
Pocos -y casi seguramente ninguno- de sus pares en el mundo tiene el honor y los galones de haber sido sede de tantos grandes acontecimientos de alcance internacional -continental y mundial- a lo largo de toda la historia del fútbol.
No en vano, aparte de haber sido declarado Monumento Histórico del Fútbol por parte de la mismísima F.I.F.A., los australianos -que hasta que eliminaron a los celestes en 2005 podía decirse irónicamente que no sabían que la pelota es redonda- se sacaban fotos en grupos, adentro de la cancha, como turistas delante de la Torre Eiffel o la gran Muralla China, antes del segundo partido del Repechaje de 2001.
Con pensar, además, que se construyó en tan solo ¡6 meses! con tres turnos de trabajo diarios de 8 horas cada uno, basta para definirlo también como un símbolo de una época de oro, quizá del país mismo, más que sólo de nuestro fútbol.
La de ahora, entonces, no es una mera, aunque necesaria, pintada: es la pincelada de respeto y dignidad que estaba mereciendo el coloso.