A mitad de un verano con temperaturas elevadas y días de playa inmejorables, el calor ha sido parte inevitable de la gran mayoría de las conversaciones cotidianas. La sorpresa de observar termómetros callejeros superando los 35 grados y las incipientes preocupaciones por la escasa lluvia se suman al tema de moda, el calentamiento global del planeta.
La reciente conferencia de expertos en París, que concluyó afirmando que es casi seguro que se está produciendo un fenómeno de estas características y que hay un 90% de probabilidades de que el mismo se debe al factor humano, ha desatado un interés aún mayor por los temas meteorológicos. Así, hoy en día hasta la persona menos informada está en condiciones de hacer un severo veredicto sobre la situación climática mundial, y el negro panorama que nos espera.
Este masivo interés por un tema tan "candente" parece algo a resaltar como positivo. Pero hay señales de alerta. Cuando uno ve que el canal argentino Crónica informa con lujo de detalles sobre una inundación en Bangladesh donde murieron 6 personas (algo que en otro momento no hubiera motivado ni una mención), para luego pasar a un sobreimpreso palpitante que pregunta ¿que le está pasando al mundo?, no puede dejar de preguntarse si este fenómeno de agitación colectiva en torno a un tema científico de suma complejidad no puede tener un costado negativo.
Ahora, hasta George Bush, que se negó a firmar el Protocolo de Kyoto, y suele ser nombrado como el peor ogro por cuanto ecologista circula por ahí, ha lanzado llamados a enfrentar el problema. Parece que en momentos en que su popularidad anda por el piso, ha visto el filón de una causa que moviliza a la población.
El problema es que la gente, y sobre todo los medios, suelen simplificar densos temas científicos, desatando así olas de temor y agitación que pueden llegar a ser contraproducentes.
Sería importante poder mantener la cabeza fría para exigir a gobernantes y expertos, medidas razonables para enfrentar una situación de estas características, pero que no alienten a manipuladores y especuladores, siempre dispuestos a aprovecharse de los miedos de la gente.