Se habla mucho de los créditos bancarios para distintos rubros. En especial la banca privada ha avanzado mucho en la materia y hasta se ofrecen préstamos para viviendas, automóviles y algunas compras más que un ciudadano común no puede realizar sin esa ayuda crediticia.
En medio de este ámbito, que bien puede calificarse de positivo, hay un tema que rechina y que está incrustado en esa liberalización bancaria. Es que los créditos -razones habrá- se conceden hasta un máximo de edad de 64 años de la persona demandante del préstamo.
De esa manera, quedan afuera de las posibilidades de acceso, miles de ciudadanos que se han pasado -por suerte y gracia de Dios- de ese límite de edad.
Es un hecho que cabe mencionar, y que puede generar injusticias.