JOSÉ GALLO | EL PAÍS EN PARAGUAY
Que ese cabezazo de Acosta no borre todo lo que hicieron en el torneo. Aunque mantenga los únicos recuerdos olímpicos del fútbol uruguayo en blanco y negro. Aunque sean los albicelestes los que festejen ese gol que renueva la ley de que el fútbol no sabe de merecimientos.
Cómo explicar que un equipo sin fútbol ni ganas consiguió en los únicos tres minutos de actitud un premio inmerecido en el resto del torneo y que otro que fue mejor durante veinte días verá, otra vez, un Juego Olímpico por televisión.
Es la ley del fútbol. La ley del gol. El que hizo Acosta. El que no pudo convertir Uruguay.
Así que no se quede con ese nudo que ahoga en bronca el lado Este del Río Uruguay, ni maldiga esa "suerte" que tocó con su varita mágica a los muchachos de Tocalli. Guárdelo y descárguelos en el Mundial.
Antes de ese gol de Acosta hubo un partido, o una larga siesta disfrazada de tal.
Es que la victoria de Paraguay ante Chile hizo que Argentina entrara al campo sin estar aún clasificado para el Mundial de Canadá. Ni siquiera el hecho de que para mirar ese torneo por televisión debía perder por tres goles de diferencia o la chance intacta de pelear mano a mano con Uruguay el pasaje a los Juegos Olímpicos (el que ganaba se metía en Pekín, si empataban festejaban los celestes) los animó a plantarse más adelante en el campo.
En ese panorama Uruguay dominaba el balón, aferrándose a la máxima de que teniendo la pelota no sería lastimado y buscando con infructuosa paciencia alguna idea que lo acercara a Romero.
Recién a los 20` llegó la primera oportunidad clara de gol, cuando un balón suelto en el área albiceleste tras un error de Romero encontró a Figueroa, pero el remate del 11 se fue por arriba.
Esa incidencia despertó a los argentinos, pero con la pólvora muy mojada. Una vez finalizada la amenaza, Uruguay recuperó la posesión del balón, y con ella volvió el toqueteo celeste en mitad de campo, paciente, casi provocador, pero incapaz de despertar en el rival una reacción futbolística o anímica.
Se aburría el público y hasta que se aburrió Uruguay y en un minuto sacudió la modorra de todos con dos jugadas en las que estuvo a punto de convertir.
30" más tarde la tuvo otra vez el goleador del torneo, pero en una situación más sucia en la que no llegó a definir.
Argentina apenas si de despertaba de a ratos para cortar con foul el toque celeste.El segundo capítulo de esta novela mal narrada fue tan aburrido como el primero. Ni la buena pared entre Cavani y Vonder Putten a los 60`, que dejó bien ubicado a Figueroa pudo romper el cero, tras una buena tapada de Romero.
Con la lluvia, ambos se despabilaron un ratito, con dos centros de Argentina en tres minutos (25` y 28`). Uno terminó en un buen remate de Cahais que pasó cerca y el otro fue despejado.
La siesta asunceña era cada vez más grande, a pesar de haberse retrasado casi tres horas. Tanto que Figueroa no pudo por tercera vez a los 30` y se perdió la cuarta a los 36`.
Los últimos tres minutos mostraron todo lo que Argentina escondió en 87`, pero le bastaron para llevarse el premio mayor que podía conseguir por mano propia.
Esa mano que robó un sueño y le sacó el cincel con el que los uruguayos iban ya a escribir su lugar en la historia. Otra vez será.