Un abuso de poder

En nuestro país, tradicionalmente, la historia nacional reciente no se enseñaba. Si los programas la comprendían parcialmente, los docentes detenían su enseñanza al llegar a 1830. O, a lo sumo, al fin de la Guerra Grande. Se consideraba, en un país muy politizado, que era muy grande el riesgo de que cada profesor diera a sus alumnos una versión subjetiva de la historia patria.

Así se evitaba dicho riesgo, pero se condenaba al alumnado a la ignorancia de la historia del país, que es patente en la inmensa mayoría de la población. Contra tan grave error, el primero en reaccionar fue Don Juan Pivel Devoto, primero en sus clases -ya en 1937- y luego en su libro "Historia de la República Oriental del Uruguay", escrito algo antes de 1960, y que comprende el siglo corrido entre 1830 y 1930.

Allí se detuvo el gran historiador, prudentemente. Las últimas tres décadas, de las que había sido testigo y protagonista, no las enseñaba. Ni en el aula ni en el libro. Sin embargo, por estos días, al irse el país al otro extremo, se ha recurrido, a guisa de justificación, del atentado que se está perpetrando en esta materia, a palabras que tan eminente ciudadano habría pronunciado siendo presidente del Codicen, tras el fin de la execrable dictadura:

"La defensa de la laicidad no puede conducirnos, ni por asomo, a la adopción de medidas que excluyan de los programas los últimos 50 años de la historia universal. En todo es aconsejable no confundir el laicismo con la asepsia y la objetividad con el oscurantismo". Esta frase es enteramente compartible. Pero adviértase que Pivel se refería a la historia universal -no a la nacional- y que partía de la premisa de que el laicismo debía ser respetado, en el marco de una enseñanza que debía impartirse con objetividad. Una cosa es prevenir contra sus excesos, como él hacía, y muy otra es desertar del primero y de la segunda.

Veamos, entre tanto, lo que está ocurriendo en el país, en esta materia. Tenemos un gobierno frentista, que dispone de mayoría en el Parlamento y de la unanimidad de los miembros de los Directorios, en toda la administración autónoma. Obnubilado, quizás, por tan enorme suma de poder, por acto administrativo -además de meterse con las fechas patrias- ha decretado un "nunca más" hemipléjico, consagratorio de la responsabilidad de la dictadura (a sus crímenes alude dicho nunca más) y de la inocencia de sus correligionarios tupamaros -y afines- por haber agredido las instituciones democráticas y haber precipitado la instauración de la tiranía.

Ese gobierno frentista nombró a cuatro docentes de su filiación política en el Codicen, quienes dispusieron que los programas de historia nacional y universal, comprendieran la época contemporánea. En consecuencia, como la misma no se enseñaba, no había textos ni bibliografía para hacerlo. De resultas de lo cual, debió encargarse a algunos la elaboración de "una guía bibliográfica de apoyo" para los docentes de historia. Es decir, eufemismos aparte, de textos de historia contemporánea. Nacional y universal.

Ese Codicen frentista, seleccionó a los profesores que debían redactar esos materiales, quienes -¡oh casualidad!- resultaron ser frentistas. Y esos docentes frentistas, también "casualmente", redactaron textos que, a nivel planetario, consagran la interpretación marxista de la historia, señalando a EE.UU. como el culpable de todos los males mundiales.

Y, en el orden doméstico, se afilian a la tesis del decretazo del "nunca más", aparte de decir algunas macanas sobre Wilson Ferreira y la supuesta lucha popular contra la dictadura. Esto, ya era conocido y fue justamente censurado. Pero ahora, el país entero se ha desayunado, gracias a El País, con la novedad de que el texto sobre la historia nacional -de 467 páginas- juzga negativamente a los gobiernos posteriores a 1985 y a sus presidentes: Sanguinetti, Lacalle y Batlle. Como bien se ha dicho, la deformación histórica viene mucho más por lo que se calla, que es muchísimo, que por lo que se afirma críticamente.

Y la falta de objetividad llega al colmo cuando se asevera que el Frente alcanzó el gobierno, en parte, por su buena gestión en la Intendencia de Montevideo. Como dicen los franceses, "el papel todo lo soporta". Semejante falta de respeto por la verdad no se borra ni se mitiga con apelar a la libertad de cátedra y a otras pamplinas.

Todo un abuso de poder.

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