Evolución uruguaya sin mejoría

CARLOS MAGGI

A partir de la posguerra de Corea (1955) el Uruguay padeció dos catástrofes de larga duración: la economía se estancó y la cultura perdió el conocimiento.

Extraña coincidencia: poco después de levantar barreras aduaneras para sustituir las importaciones, los uruguayos empezaron a yugular el flujo de las ideas. Hubo un misterioso "encadenamiento simpático" -como gustaba decir Rodó- entre esos dos maleficios: retroceso mercantil y retroceso mental; país a la defensiva, aterido.

Perdida la fe en las instituciones republicanas (ese había sido el motor, durante los años dorados) tuvimos un gobierno fuera de sí, una guerrilla urbana, un golpe de Estado y una dictadura militar que duraría 12 años. A lo largo de ese tiempo, la Universidad fue descompuesta y demolida desde dentro y desde fuera.

Dije mil veces, en esos años (sin éxito) que no se puede clavar un clavo golpeando con el reloj. Toda universidad es frágil.

Leyendo a Stephen Hawking supe después, que durante la conflagración 39-45, Oxford y Cambridge, así como Heidelberg y Götinga, estuvieron al margen de las contingencias de guerra, nunca fueron bombardeadas. Se respetó en todo momento el pacto hecho para mantener intacta la estructura física y el talento que allí residía.

Entre nosotros, esta precaución civilizada no existió; llevados por la iracundia, regresamos a los modos tribales del siglo XIX.

Al estimar culpas, atribuyó la mayor responsabilidad en este descalabro cultural, a los gobiernos que en todo momento fueron los más fuertes. Es verdad que la autonomía universitaria no fue atacada, hasta la irrupción militar; pero la Universidad de la República fue sitiada por el Poder, hasta hacer de ella algo inoperante.

Al día de hoy (escribía en diciembre del 2003), sólo un adelanto de confianza recíproca, puede recomponer semejante desbarajuste institucional. Por eso imagino que un gobierno del Frente Amplio tiene más posibilidades de superar la presente situación universitaria, que es la más miserable que pudimos crear. El Uruguay no tiene Universidad, tiene una apariencia vana y algunos puntos, restos milagrosos, salvados del naufragio.

Sería bueno que el Frente se empeñara en cambiar la situación. La Universidad va de mal en peor y debe ser regenerada. La Universidad debe investigar y crear. La Universidad debe restaurar su lugar; un lugar donde se conozcan y discutan los fundamentos doctrinarios de nuestro tiempo; las grandes realizaciones tecnológicas y las grandes ideas generales que hacen época y crean convicciones. La Universidad es el reverso del fanatismo o la dejadez.

El cambio político en el Uruguay, si se produce, debe servir para espantar prejuicios y prevenciones. Hace demasiado tiempo que nuestros intelectuales en vez de dar línea, reciben orientación política. En la medida que un intelectual deja de ejercer su función rectora, deja de pensar libremente. O dicho con mayor precisión: cada vez que un libre pensador, se convierte en partidario... se obliga a transar y desaparece. Una ideología es la momia de la cultura.

Más grave que la crisis financiera del año 2002, fue pues, la cerrazón mental que se espesó durante treinta años (1955-1985).

La guerra, la guerrilla, lo oposición sistemática, la tiranía, por lo mismo que apuntan a una finalidad fija (la destrucción del otro) son siempre propagandísticas. Un eslogan es una idea fija, la antítesis de seguir un rastro temblorosamente, en la tentativa previa a una innovación. Imagino un entendimiento inesperado entre el Poder Ejecutivo y su casa de estudios, que nos devuelva la vida y las dimensiones, la frescura de la Universidad.

Meses antes de las últimas elecciones, manejé estas ideas en una encuesta organizada por el semanario Brecha (21/12/03): "¿Cómo imagina bajo un gobierno de izquierda, la Universidad y la educación?" Después de haber escrito a favor de la Universidad una y otra y otra vez, sin que nada cambiara, puse mi esperanza en un cambio de gobierno.

Han pasado dos años con la izquierda en el poder y allí sigue la Universidad más idéntica a si misma que nunca. La vieja casa mantiene intactas sus telarañas; y muerta está la relación entre ella y el peligro de pensar; no ha salido por sus puertas una sola iniciativa removedora, un movimiento que cambie el tablero, una invención memorable.

¿Dónde pega el empuje de las nuevas generaciones? ¿Hay quienes puedan producir nuevas generaciones?

Néstor Calónico escribe en "Análisis de movilidad y dinámica del ingreso en América Latina".

- "Es muy difícil para los latinoamericanos mejorar su estatus socioeconómico en virtud del propio esfuerzo".

Su estudio abarcó ocho países, Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, México, Uruguay y Venezuela, para el período 1992-2003. Los países donde la movilidad social es menor, los más desastrosos, son Uruguay, Argentina y Brasil.

Gandelman, Kamil y de Brun realizaron una encuesta entre los responsables financieros de empresas, potenciales emisoras de títulos de deuda.

Sólo el 25% de esos responsables, dice tener conocimientos sobre papeles de comercio y su legislación. El 40% cree saber algo. El 35% no sabe nada. El universo de esta encuesta abarcó con un mismo cuestionario, gran proporción de egresados de la Universidad de la República.

Años atrás, la Universidad estaba a la vanguardia en planes de estudio y capacitación. Hoy, salvo excepciones no califica en ninguna especialidad. (Fuente: Isaac Alfie, El País, 22/1/07)

La mayoría de los profesores universitarios del Uruguay no investigan. Al decir de Onetti: "Con libertad, no escriben ni publican".

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