Los cortocircuitos que bajan desde las alturas en materia de enseñanza, amenazan o ya se han transformado en un temporal inaguantable e intolerable. Dejemos de lado el mamarracho que fue la puesta en escena del famoso Debate Educativo, donde un grupo de militantes o amigos del gobierno se reunieron, entre bombos y platillos -tipo carnaval- para opinar y proponer soluciones, planes y cualquier otra cosa que se les ocurriera sobre educación. Hubo bastante escándalo sobre ese punto, pero, aparentemente, el gobierno entendió que para algo existe en la Constitución un Poder Legislativo y por el momento ha dejado de lado ese gigantesco absurdo que desprecia la tarea parlamentaria.
Vayamos a lo reciente, a lo que El País informó en su edición del último domingo. La existencia de un manual de "Materiales de apoyo para la enseñanza de la historia reciente", cuyo contenido nos hace acordar a algunas frases de épocas pretéritas (1973-1984) donde se decía que "la historia la escriben los vencedores" o aquella otra que aseguraba que "a los vencedores no se les ponen condiciones".
Ya no es sólo la sesgada visión de cómo surgió la dictadura y con ella una serie de hechos deleznables, sino que se ingresa a juzgar -en forma negativa, lógicamente- los gobiernos de Sanguinetti, Lacalle y Batlle. Tenemos nuestros reparos sobre si es aconsejable incursionar en temas de excesiva actualidad, donde quien escribe se maneja más con una acumulación de puntos de vista, opiniones y prejuicios, que con la objetividad que da estudiar los hechos, en otra época, sin ser protagonista de los mismos.
Pero si se quiere, se considera necesario y están dispuestos a llevarlo adelante, que se haga de manera completa. Para hacerlo, hay que hacerlo bien e incluir los dos primeros años del gobierno de Vázquez. Así podríamos destacar cómo, a pocos meses de asumir, liquidó la competencia que tenía en materia oncológica -su especialidad como profesional- y quedó prácticamente con el monopolio de ella. Cómo incumplió las fáciles promesas hechas a Kirchner para lograr su apoyo electoral, de suspender la construcción de las plantas de celulosa y derivó en este largo y penoso conflicto. El pésimo manejo de las relaciones diplomáticas cuando éste estalló (presidente de licencia, nostalgioso canciller visitando su querida Moscú) y la reacción fue tímida y lenta. El deterioro total del Mercosur. Las indecisiones por la firma de un acuerdo comercial con Estados Unidos. Que el Presidente es errático: un día dice una cosa y al siguiente la contraria sin que se le mueva un pelo. La epidemia de ocupaciones de lugares de trabajo. El incremento de la inseguridad. La designación de Fiscal de Corte por decreto, violando la Constitución. Las masivas designaciones por amiguismo, primero en la cancillería y luego en otras dependencias del Estado. La persecución a funcionarios que no militan en su partido. La privatización de Pluna. La asociación de Ancap con la venezolana Pdvsa. La desaparición de la industria textil y… La lista es bastante larga y tal vez a algún historiador experto en historia reciente se le ocurra agregar algún otro tema.
El episodio no termina aquí. Lilián D`Elía, integrante del Consejo Directivo Central (Codicen) de la Enseñanza, reconoció que "no leí en totalidad la guía", colgada en la página web de esa institución e hizo una encendida defensa de la libertad de cátedra. Vamos a precisar que la "libertad de cátedra" no es una licencia para matar (la historia) al estilo del 007 de James Bond, sino que tiene límites en los valores democráticos y republicanos de la Constitución y en la necesaria prudencia que deben tener quienes enseñan y forman a los jóvenes. Y tampoco parece correcto que se utilice la página web de la ANEP sin un control previo de sus autoridades.
Todo esto pinta un panorama sombrío, que hace pensar que la enseñanza está a la deriva, que no existen criterios ni objetivos profesionales en su manejo y no hay una conducción clara. La historia nacional no se escribe de acuerdo a los vaivenes de la banda presidencial; es algo muy serio, es la identidad de una Nación, que no puede ni debe ser politizada al antojo de los amanuenses de turno.
Si no lo entienden así, en el capítulo de la historia reciente sobre el presidente Vázquez deberá agregarse "pretendió -¿y lo logró?- partidizar la historia nacional".