Un instrumento con una larga historia

HUGO GARCIA ROBLES

Existe una foto del compositor húngaro Bela Bartok, sin duda uno de los mayores del siglo XX, probando el instrumento campesino que se llama "nyenyere". Se ve al maestro empuñando la manivela del instrumento, manivela que moviliza el arco sin fin que frota las cuerdas y origina el sonido.

Se trata de un instrumento que el pueblo húngaro utilizó y que es probable viva aún, sobreviviente, como hecho folclórico, en alguna aldea alejada.

Hace años, en una visita a Santiago de Compostela, pudimos contemplar en el Palacio de Gelmírez, joya románica junto a la monumental Catedral, una zanfonía o "viola de rueda" (en francés, "vielle roue") tallada en piedra en uno de los tímpanos del Palacio. Salimos a la enorme plaza que alberga, además el Hostal de los Reyes Católicos, otro monumento arquitectónico, vivo como hospedaje principesco. Eran las primeras horas de la tarde, pasado apenas el mediodía, y una familia, integrada por la pareja y sus dos hijos, se veía instalada sobre el granito del pavimento, con la clásica gorra ante ellos, para recibir las monedas de los que pasaban.

El padre ejecutaba una zanfonía que tenía sobre sus rodillas. Ante las obvias preguntas que le dirigí me respondió que eran holandeses en peregrinación a Santiago y que el instrumento pertenecía al siglo XVIII.

El sonido es inconfundible: cuando suena no hay silencios y se escucha siempre una nota permanente, lo que se llama "pedal", mientras la melodía se mueve por distintas notas que se superponen al pedal. En la medida que la rueda es movida no puede dejar de rozar y, por lo tanto, de hacer sonar por lo menos una cuerda. La mano izquierda del ejecutante pulsa unos botones que tocan las cuerdas por debajo, con vástagos de madera. Tal como hace el guitarrista sobre el brazo de su instrumento, estos contactos modifican la longitud que vibra y así cambian las notas.

El instrumento tuvo una larga historia que se remonta al siglo X, con distintos nombres que incluyen el de "organistrum", "hurdy-gurdy" en inglés y "drehleier" en alemán, además del ya mencionado "vielle roue" en Francia.

Vivió alternativas de ascenso y caída en su empleo culterano, hasta que poco a poco se fue refugiando en los estratos populares de la sociedad, compartiendo este destino en Francia con la "musette", es decir la cornamusa o gaita.

Es bueno recordar que en el ciclo de canciones de Schubert, Viaje invernal, el lied que se suele traducir como El organillero, alude a un "leierman", es decir a un ejecutante de la "viola de rueda", cinfonía o zanfonía.

El acompañamiento pianístico de la canción lo revela, con una clara imitación del sonido con pedal permanente de la "viola de ruedas".

Apasionante trayectoria de un instrumento que resiste el paso de los siglos.

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