Las caras se las lavan muy rápido

EDWARD PIÑÓN

Europa es la meca del fútbol. No hay niño futbolero, de esos que empiezan a enamorar a la pelota con sus arrumacos deportivos que no sueñe con visitar Old Trafford (el estadio del Manchester United), hacer garabatos en el Santiabo Bernabéu (el campo del Real Madrid) o imitar a Ronaldinho en el Nou Camp (el escenario del Barcelona).

Parece lógico que así sea. El mundo que se abre gracias al peso de los euros es fantástico y difícil de resistir. Sin olvidar que esas monedas son capaces de solucionar sus vidas y la de sus familiares más directos.

Ahora bien, el gran drama lo sufre el fútbol formador, el que intenta sacar la cabeza del agua para no morirse en la orilla del lago.

Sin un cambio sustancial, sin una normativa que impida que los chicos se laven la cara demasiado rápido para dejar de ser esos "carasucias" del campito uruguayo, el fútbol celeste no podrá recuperar el vigor de antaño.

Hoy, el sudamericano Sub 20 de Paraguay -con invasión de cazatalentos europeos- ya amenaza con desarmar el proyecto celeste del futuro, porque no son pocos los rumores que surgen en torno a la partida de Edison Cavani, Martín Cáceres, Mathias Cardacio y Elías Ricardo Figueroa, entre otros.

Así, con esa eterna sangría, no hay selección ni fútbol que aguante.

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