Un paraíso de la ilegalidad en Buenos Aires

Todo trucho. La Salada es la mayor feria "pirata" en América Latina

BUENOS AIRES | LA NACION/GDA

La Salada es una feria de 20 hectáreas que tiene 15 mil puestos de venta de mercadería ilegal. Ubicada en Buenos Aires, es considerada el mayor paraíso de la falsificación de América Latina. Cada semana, factura unos 9 millones de dólares.

La Salada se encuentra en Lomas de Zamora, a la vera del Riachuelo. Esta feria ilegal fue identificada recientemente por la Unión Europea (UE) como un emblema mundial del comercio y la producción de mercadería falsificada.

Esta feria emplea a 6000 personas para atender a las más de 20.000 que concurren desde todo el país cada vez que se pone en funcionamiento, los miércoles y los domingos.

Aunque la UE llamó en su estudio a "enfocar actividades y recursos en la lucha contra la falsificación" en este paraíso de la ilegalidad, esa misión aparece como una cruzada prácticamente imposible para los dirigentes empresariales, sindicales, políticos y policiales consultados.

El director ejecutivo de la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria, Héctor Kolodny, uno de los representantes del sector más perjudicado por la megaferia La Salada, calcula que, del total de ropa que se comercializa en el país, el 50% se vende en negro. "La Salada es el mayor centro de distribución: de ahí se abastecen unas 300 ferias minoristas en todo el país", alerta. Y se pregunta: "¿Si se puede legalizar la feria? Parece una meta imposible. Me conformaría con que hubiera un punto de inflexión y con que se empezara a ver alguna señal de control".

La Salada comenzó en 1991 con un puñado de inmigrantes bolivianos que se instalaron a vender ropas importadas y comida en terrenos abandonados en la localidad lomense de Ingeniero Budge, que en tiempos de Perón estaban acondicionados como balnearios. Al ver que las ganancias por las ventas eran redituables, los vecinos del sector, uno de los más pobres del conurbano, también quisieron participar y se adueñaron de los terrenos de enfrente de sus casas para instalar puestos sobre la ribera y explotarlos comercialmente. Hoy, unos 5000 puestos armados con maderas, cañas o chapas ocupan unas 15 cuadras a la vera del riachuelo.

Así, en quince años, la veintena de puesteros que se ganaba unos pesos cada lunes vendiendo unos pocos productos a la intemperie creció hasta conformar la Ciudad del Este del conurbano: hay unos 15 mil puestos de venta ilegal de ropa, calzado, discos, películas, equipos de electrónica distribuidos en 20 hectáreas.

Una fuente de la Policía Federal que pidió no ser identificada reconoce las limitaciones de los procedimientos, que son "escasos" (por increíble que parezca, en 2006 no se hizo ningún allanamiento) y no logran desentrañar el círculo ilegal. "Cuando vamos a los operativos, generalmente los puesteros ya fueron avisados y los decomisos son irrelevantes", cuenta un miembro de la fuerza.

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