Sus sueños se han cumplido todos juntos. El lunes pasado, no sólo firmó su contrato con Peñarol, sino que le entregaron la llave de su casa propia. Y el miércoles se mudó para la Curva de Maroñas. "Es para estudiar bien al rival", bromeó a propósito de la cercanía de su nuevo hogar con la sede de Danubio. El volante está como perro con dos colas y por si fuera poco, Gregorio le dijo que seguramente jugará unos minutos en el clásico del miércoles. Pero también sabe de la responsabilidad que significa Peñarol, porque la gente se lo hace sentir en la calle.
SILVIA PÉREZ
- Hace una semana que llegó a Peñarol, ¿cómo lo recibieron?
- Me integré muy rápido. Me integraron ellos. Me hicieron sentir como uno más enseguida. Me acerqué a Gonzalo Lemes, Apellaniz y Arévalo Ríos, pero todos me recibieron muy bien.
- ¿Está haciendo un trabajo físico especial?
- Sí, para ponerme a la altura de los demás. Yo estaba entrenando con Central Español, pero suave. No hacía fútbol ni nada, por las dudas de que me lesionara justo cuando me estaba por salir el pase.
- ¿La ansiedad y los nervios le jugaron una mala pasada?
- La situación, que se dilató más de lo que se esperaba, me produjo un gran desgaste. Te desgastás en lo físico y en lo mental por eso queremos ir despacio. Pero sé que no voy a tener problemas porque la temporada pasada jugué todo el año y la continuidad la tengo.
- ¿Va a jugar el clásico?
- Todavía no se sabe, pero lo que hablé con Gregorio es que, seguramente, voy a ir al banco y entrar unos minutos. Al menos para saber de qué se trata. Pero ya lo estoy viviendo. La gente, los conocidos te lo hacen vivir. Lo mismo que Gregorio cuando nos dice que por más amistoso que sea es importante y hay que ganarlo.
- ¿Qué le dice la gente?
- Antes, en Central no me conocía nadie y ahora me paran constantemente y me dicen que hay que ganar el clásico y que Peñarol tiene que salir campeón.
- ¿Cómo maneja tantos cambios en su vida?
- Trato de estar tranquilo, de tomármelo con calma. Hace un rato le decía a mi señora que nunca había firmado tantos autógrafos como la otra noche en San José, y eso que no jugué y estaba en la tribuna. Pero los pibes venían con camisetas para que se las firmara y querían sacarse fotos conmigo. Son cosas que te sorprenden un poco. Es muy lindo, pero hay que tomarlo con calma y no creérsela. No creerse el cuento, como decía siempre el "Tola" (Antúnez). Además, yo la vengo peleando de abajo, soy de una familia muy humilde y eso hace que cuando lográs algo lo valorás mucho más.
- Da la impresión que el "Tola" fue muy importante.
- Sí, me dio la confianza y con él mejoré mucho y crecí. Siempre dice lo que piensa y eso es bueno. Le estoy muy agradecido.
- Tuvo que esperar para llegar a Peñarol, ¿aquel espisodio con Blankleder quedó atrás?
- Sí. Fue un momento complicado, pero luego más tranquilo uno trata de pensar un poco más. Por otra parte, las cosas que se dijeron en ese momento no fueron ciertas. No lo corrí alrededor de la mesa y mucho menos le pegué. Estaba muy molesto, es cierto, porque sentía que se me estaba frustrando el pase, justo cuando el técnico de Peñarol me había pedido. Tuvimos un diálogo fuerte, pero después le pedí disculpas. Cada uno defendía sus intereses, pero Central Español es mi casa. ¡Si llegué en séptima y estuve hasta ahora!