GUILLERMO ZAPIOLA
Habría que pegarle a alguien por el título La conquista del honor, que es como han decidido llamar en castellano al penúltimo film de Clint Eastwood que se estrena el próximo viernes en Montevideo.
Originalmente llamado Flags of Our Fathers (Banderas de nuestro padres), el título en inglés posee la mezcla de distancia y nostalgia que le correspondía a su evocación de la Segunda Guerra Mundial. Es posible que el productor Steven Spielberg, quien fue el responsable inicial del proyecto, haya pensado el film como un equivalente para la guerra del Pacífico de Rescatando al soldado Ryan, incluyendo la visión de la circunstancia bélica como una dilatada crueldad y un juego de los tiempos mediante el cual el pasado es evocado desde el hoy. Clint cumplió su parte, aunque ciertamente es mucho menos sentimental que Steve.
La conquista del honor se basa en un libro escrito (en colaboración con Ron Powers) por James Bradley, hijo de uno de los soldados que plantó la bandera norteamericana sobre una colina durante la batalla de Iwo Jima y fue inmortalizado en una foto famosa. La adaptación fue escrita por William Broyles Jr. y Paul Haggis (este último había trabajado con Eastwood en Million Dollar Baby).
MASCARAS. Más que un film sobre la batalla de Iwo Jima (que aparece recreada, sin embargo, con dimensiones épicas), La conquista del honor cuenta la historia oculta tras esa fotografía, el examen del modo como las autoridades militares y gubernamentales explotaron la situación y a sus protagonistas con fines propagandísticos, y el destino no siempre afortunado de quienes participaron en el incidente. La idea que recorre el film es la de que la guerra es una infinita pesadilla, y que los militares y los políticos mienten sobre ella.
A sus dinámicos setenta y seis años, Eastwood ha decidido que actuar y dirigir al mismo tiempo una película es ya demasiado trabajo, y ha resuelto que solamente actuará para otros directores. Ello no le ha impedido, empero, hacer dos películas al mismo tiempo (ver recuadro por aquí cerca), y rodearse de un elenco joven (Ryan Philippe, Jesse Bradford, Adam Beach) donde se buscó más la adecuación física que el estrellato.
La película se inscribe en la vertiente más vigorosa del cine de guerra americano, la de los maestros como Anthony Mann (Brindis de sangre), Samuel Fuller (Casco de acero) o Donald Siegel (El infierno es para los héroes). La masacre vuelve inútiles los editoriales sobre la patria, la libertad y la bandera: solo queda la adhesión al compañero de infortunio, el soldado que vive o muere junto a uno, que puede salvarlo a uno o al que uno puede salvar.
La otra cara del tema
Mientras rodeaba La conquista del honor, Clint Eastwood parece haber comprendido que solamente estaba contando una parte de la historia, y resolvió contar la otra. De modo que decidió desembolsar otros veinte millones de dólares, emplear escenas de batalla empleadas en el otro film, y hacer Letters from Iwo Jima, con elenco japonés encabezado por Ken Watanabe. La idea es la de que, como lo detallan las cartas referidas en el título en inglés, la guerra es un infierno en ambos lados.