El verano en Atlántida es el descontrol de las finanzas de la clase media uruguaya. Tienda Inglesa, como shopping de la zona, factura a un ritmo constante y sonante, sin mencionar los días de lluvia, cuando se convierte en el paseo de la familia. Las maquinitas siguen teniendo éxito a pesar del poder de los cyber o la omnipresencia del PlayStation. Al fin y al cabo, son el centro de socialización de los adolescentes y la siesta de los padres. Las ferias brotan por todo el centro con vida propia: artesanales, de frutas y verduras, expo y galerías; sobre la vereda o sobre la calle; atendidas por montevideanos, canarios o hippies que no llegaron a Valizas. Tal es su proliferación que una expo creció donde estaba el restaurante más característico del balneario, La Bacha. Sólo tres restaurantes se llenan durante la temporada, pero todos ocupan la vereda y parte de la calle con sus mesas, como un malentendido símbolo de status. Por ello la importancia de la peatonal, que da la tranquilidad de disfrutar un helado sin la preocupación de los autos, que ahora circulan más lento e imponen la cumbia más tiempo. El casino es el único en su rubro que pudo conservar el ambiente sombrío y el aire viciado, día y noche, aunque nadie fume adentro. De hecho, entre semana hay más gente aglomerada ahí que en el centro. Cuando las discotecas están abiertas, los jóvenes haciendo "la previa" invaden la entrada de los edificios aledaños y vacían las heladeras de cerveza o vino, según la temperatura ambiente. Los espectáculos más codiciados son el caricaturista peludo, el que pinta paisajes con aerosol mientras suena una versión boliviana de la canción de la película Titanic y los toques en Piedra Lisa.