Víctima de los libelos

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GUILLERMO ZAPIOLA

Si hay un personaje que ha sido víctima del prejuicio de los historiadores y los rumores echados a andar por un periodismo irresponsable, ése es María Antonieta. Corregir esa imagen es lo que intenta Sofía Coppola en el film que se estrena mañana.

Punto inicial a aclarar: la reina de Francia que perdió la cabeza en la guillotina en 1793 no fue tampoco la santa laica que pretenden pintar todavía los nostálgicos del "ancien régime". Pero ya debería ser hora de rectificar dilatadas leyendas, como la de haber preguntado al saber que la gente protestaba por no tener pan "¿por qué no comen tortas?", o haber sido con sus gastos excesivos la responsable del descalabro económico francés previo a la Revolución ("Madame Déficit", la bautizaron), un fenómeno que respondió más bien a causas múltiples, entre ellas el respaldo de la monarquía francesa a la Guerra de Independencia norteamericana y la inepcia de sucesivos y olvidados ministros de economía.

María Antonieta fue probablemente una frívola y una conspiradora que intentó sabotear los esfuerzos revolucionarios en nombre de una legitimidad monárquica de la que nunca abdicó, pero distó de ser el monstruo insensible que describe la leyenda. Tampoco fue la culpable del incesto que intentaron achacarle en un proceso indigno.

El empeño en matizar su memoria no es por cierto una absoluta novedad ni un invento de Sofía Coppola, de todos modos: existen espléndidas biografías sobre la reina (la de Hilaire Belloc, que es más militar y política, o la de Stefan Zweig, que es más psicológica, sin ir más lejos) que ya han hecho lo suyo al respecto.

El punto de partida de la libretista y directora de Perdidos en Tokio ha sido empero la biografía sobre la reina escrita por Antonia Fraser, la viuda del dramaturgo y ganador del premio Nobel Harold Pinter, cuyo declarado propósito ha sido "limpiar la mala fama" que arrastra el recuerdo de esa mujer.

INTENCIONES. Coppola ha insistido en que su propósito fue acabar con algunas de las leyendas que rodean a María Antonieta, quien es encarnada en su film por Kirsten Dunst (Spiderman, La sonrisa de Mona Lisa, Extraño resplandor de una mente sin recuerdos). Incluso ha dicho que su historia le interesó especialmente por lo poco que sabía de la vida privada de la reina.

El proyecto se originó antes de hacer Perdidos en Tokio, pero ni siquiera su apellido y el prestigio de su famoso padre Francis le permitió obtener entonces la financiación correspondiente. Un par de atendibles películas como directora (Vírgenes suicidas, Perdidos en Tokio), varias candidaturas al Oscar, y la estatuilla en definitiva obtenida como libretista del segundo de los títulos nombrados, cambiaron a la larga esa situación.

Pudo así encarar una producción de alto presupuesto, cuyo rodaje se llevó a cabo en buena parte en territorio francés y que convocó a un elenco internacional que incluye a Jason Schwartzman (hijo de Talia Shire y primo de Sofía) en el papel de Luis XVI, Judy Davis como la condesa de Noailles, Marianne Faithfull como la emperatriz María Teresa de Austria (madre de la reina), Rip Torn como Luis XV y Asia Argento (hija del truculento Dario) co-mo Madame Du Barry.

FILMACIÓN. El film omite aspectos cruciales de la vida de su personaje (no hay imágenes de la guillotina, por ejemplo), centrándose fundamentalmente en los diecinueve años que su personaje vivió en Versalles.

Para ello contó con el apoyo del gobierno francés, que concedió todas las facilidades para que se pudiera filmar en los lugares auténticos. Hubo algunas limitaciones, sin embargo, como por ejemplo no abrir las ventanas en determinadas habitaciones porque la luz solar podía deteriorar determinados tejidos, y no emplear el mobiliario original, que hubo que reproducir.

Involuntariamente quizás, el mejor epitafio para María Antonieta ha sido proporcionado por Juan Luna, conservador del Museo del Prado: "Ella nunca estuvo preparada para ser reina de Francia. Su educación era muy deficiente, no hablaba bien el francés, y aunque venía de una corte elegante no tenía nada que ver con la francesa".

Momentos de una biografía

María Antonieta Josefa Juana de Habsburgo-Lorena, princesa real de Hungría y Bohemia, archiduquesa de Austria, nació en Viena el 2 de octubre de 1755, y fue decapitada en París, acusada de traición, el 16 de octubre de 1793. Fue la décimoquinta hija del emperador Francisco I de Austria y su esposa María Teresa.

Cuando tenía apenas doce años se negoció su casamiento con el entonces Delfín y futuro rey Luis XVI, un matrimonio por razones de estado que se llevó a cabo en París el 16 de mayo de 1770. La novia aún no había cumplido los quince años.

El matrimonio demoró siete años en consumarse debido a la negativa de Luis XVI a someterse a una cirugía no demasiado complicada pero bastante dolorosa. Entonces surgieron los rumores de las "escapadas nocturnas" de la reina, que inflaron una fama de lascivia y promiscuidad.

Su marido ejecutado, sus hijos arrancados de su lado, el Delfín manipulado para acusarla de estupro, y completamente sola en su prisión, María Antonieta se golpeó la cabeza contra una viga del techo. Ante la pregunta de uno de los guardias: "¿le duele?", María Antonieta contestó: "Ya no hay nada que pueda dolerme".

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