Artesanos de Rivera con limitaciones comerciales

Permisos. No pueden "exportar" sus productos en el país

RIVERA | FREDDY F. CARRANZA

Decenas de artesanos riverenses están condenados a desaparecer. Tan drástica consecuencia se debe a que se les impide "exportar" sus productos al sur del país.

Los trabajadores fabrican sillas, mesas y otros artículos utilizando restos de madera que son arrojados a la vía pública por el aserradero Urufor. Ahora están enfrentados a la Aduana, ya que se les niega la autorización necesaria para enviar sus trabajos a los departamentos cercanos a Montevideo.

Jesús González, uno de los afectados por la medida, explicó a El País que no entiende por qué la Aduana quiere que se conviertan en empresarios. "Los aduaneros saben que esta madera es uruguaya; juntada de un basurero. Acá hay mano de obra y valor agregado, sin embargo nos están condenando a perder nuestra fuente de ingresos".

El comentario que se repite es que si estos artesanos vivieran en otros departamentos que no sean limítrofes con Brasil, no tendrían que solicitar un permiso aduanero y podrían comercializar sus productos sin ninguna dificultad.

Otro detalle que llama la atención es que las sillas, mesas y otras piezas de mobiliario y decoración son elaboradas con madera producida en Uruguay, con un costo 50% inferior a las maderas de contrabando, introducidas desde Brasil.

Esta producción de artesanías madereras, que utiliza materia prima que es arrojada a la calle, se ha convertido en una importante fuente de mano de obra.

González agregó que para obtener el carné de artesanos, la Intendencia de Rivera les exige que los muebles sean elaborados frente a un funcionario municipal.

El artesano recordó que a partir del 31 de diciembre pasado se les obliga a estar afiliados al BPS y aportar a la DGI.

"No tenemos condiciones de enfrentar los costos tributarios que supone ser empresarios (...) una cosa es producir y otra vender. ¿Qué pasa si hacemos 100 sillas y no tenemos clientes que las compren? ¿Con qué pagamos al BPS y a la DGI?", preguntó.

Para González, esta medida los condena a perder un mercado "interesante" en el resto del país.

Antes iban a la Aduana y con una factura de compra de materiales y el comprobante de Urufor que constataba la donación de madera podían producir y vender.

Ahora afirma con bronca e impotencia que la idea pareciera ser que "quienes vivimos en el departamento de Rivera, no vivimos en Uruguay".

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