El equipo de arqueólogos de la Facultad de Humanidades de la Universidad de la República, entregará mañana el informe final al Poder Ejecutivo, donde se detalla el trabajo de búsqueda de detenidos desaparecidos a lo largo de este año.
Así lo afirmó el coordinador del equipo, José López Mazz, en el marco del semanario Dictadura y derechos humanos hoy, organizado por el Centro de Estudios Interdisciplinarios Uruguayo (CEIU), la Facultad de Humanidades y el Archivo General de la Universidad de la República.
Los arqueólogos culminaron a fines de octubre, los trabajos de excavación en los batallones 13 y 14 del Ejército. Desde que comenzaron su tarea, en mayo de 2005, localizaron los restos de dos desaparecidos: Ubagesner Chávez Sosa, en una chacra en las afueras de Pando y de Fernando Miranda, en el Batallón 13.
López Mazz destacó la colaboración que tuvieron del Equipo Argentino de Antropología Forense, quienes los ayudaron a orientarse ante la falta de información. "No hay magia arqueológica que pueda compensar una deficiencia en la información", afirmó el docente de Humanidades. En este sentido también destacó el apoyo de historiadores y del equipo técnico forense.
Por otra parte, la investigación que Presidencia de la República encargó a los historiadores Álvaro Rico y Gerardo Caetano, también está "en los tramos finales". Se les encomendó la tarea de realizar un "libro blanco" que reúna la información histórica sobre el destino de los desaparecidos. Esto permitirá aportar nuevos datos al equipo de arqueólogos de manera de evaluar futuras investigaciones.
Investigación eterna. Caetano, quien participó del seminario universitario, afirmó que puede haber memoria sin justicia, pero lo que no puede haber nunca es justicia sin memoria.
"Tal vez por eso, el proceso de transición (posdictadura) buscó cortar el nudo por el lado de la memoria, por el lado de la verdad", indicó el historiador al participar de la mesa redonda sobre investigaciones históricas y arqueológicas sobre los detenidos desaparecidos.
Caetano afirmó que "las historias oficiales tienen muy corta vida". Agregó además que "asumir el riesgo de la verdad y de la justicia es mejor que el olvido del terrorismo impuesto".
Manifestó que la investigación realizada junto a Rico "fue gigantesca" y consideró que nunca se puede hablar de una verdad, ya que siempre se podrá seguir investigando el tema.
En este sentido, dijo que fue "una locura" el hecho de que el ex presidente, Jorge Batlle determinara como "la verdad oficial y definitiva" el informe final sobre el destino de los detenidos desaparecidos, que surgió de la Comisión para la Paz.
Por su parte, Rico consideró que los debates sobre historia reciente y dictadura "permitirán ir superando las inercias culturales ejercidas aún por el discurso tradicional e irá posibilitando encontrar otras miradas y construir otras teorías para explicar lo que se ha na-turalizado y planteado como obvio".
Para el director del CEIU, en lugar de reconstruir y explicar la dictadura, los uruguayos "nos hemos pasado describiendo y polemizando sobre las causas" que llevaron a este hecho.
Según Rico, este "descentramiento" de las explicaciones de este fenómeno trajo como consecuencia "la reconstrucción de la historia reciente por el discurso del Estado como una historia de culpables y no de responsables institucionales".
"Si bien todos hablamos del Uruguay posdictadura, en verdad el eje de las discusiones en las últimas dos décadas en el país no fue la dictadura sino la predictadura: 1973 fue trasladado a 1968, del terrorismo de Estado al desafío guerrillero, de la coordinación represiva regional a la junta coordinadora revolucionaria, Estados Unidos, por Cuba", expresó el historiador.