CARLOS REYES
El miércoles último, la entrega de los Premios Florencio se convirtió en una gran plataforma reivindicativa de la ley de jubilación del actor y de otros derechos de los intérpretes, que reclaman ser reconocidos como el resto de los trabajadores.
Esta situación, que el teatro uruguayo arrastra desde largo tiempo, se ha convertido en un tema cada vez más presente, especialmente desde la transmisión televisiva de los Premios Florencio permite, cada diciembre, que los actores uruguayos hablen directamente, por unos minutos, a un sector significativo de la ciudadanía.
Concretamente, desde que la fiesta de los premios al teatro nacional se volvió a realizar en el Solís, los actores y quienes se solidarizan con sus reclamos, apelaron a dos vías de comunicación. Una, a través de la palabra, aprovechando los ganadores el minuto (teóricamente por reloj) ante cámaras para a la vez que se agradece el premio y se realizan los saludos del caso, bregar con más o menos vehemencia por los derechos de los actores.
La otra vía es un volante colocado en la solapa, donde este año rezó la consigna "TV uruguaya, actores uruguayos". Este distintivo, que solidariamente lucieron también actores pagos por el Estado, como es el caso de Alejandra Wolf, se encadena directamente con las consignas más generales, que reclaman entre otros puntos, un sistema de aportes a la Seguridad Social y el consecuente derecho a una jubilación.
Varios problemas se entretejen en este viejo asunto, que sin embargo va tomando perfiles nuevos.
En primero lugar, existe una gran dificultad jurídica para crear un estatuto específico para que el actor pueda realizar sus aportes como cualquier hijo de vecino. Esto se debe, a su vez, a varios asuntos sumamente relacionados. Uno de ellos es que el actor teatral trabaja generalmente en régimen de cooperativa, lo que implica que desde el punto de vista legal no exista una parte contratante. Fue por eso que en el Consejos de Salarios, la Sociedad Uruguaya de Actores (SUA) no pudo ser integrada como un sindicato más.
Otro problema es que la gran mayoría de los actores trabaja en un régimen zafral, percibiendo haberes de modo sumamente irregular.
Para paliar esa situación fue que se creó la Ley de Patrocinio, que fue aprobada desde hace casi un año, pero que aún no ha entrado en la etapa de reglamentación, lo que impide lógicamente su puesta en vigor. Según fuentes, la ley fue rápida en la fase de aprobación, pero ahora parece haberse estancado en esta nueva etapa.
Esa ley es clave porque establece beneficios para las empresas que apoyen los espectáculos de danza, teatro y artes escénicas en general, creando además un fondo para que los artistas de menor recaudación y demanda sean compensados por los más taquilleros.
"Lo que pasó la otra noche en el Solís fue el inicio de una movida más generalizada que busca que el actor nacional tenga también más presencia en la televisión -declaró a El País la actriz Pelusa Vidal-, pero no de una manera esporádica sino fija, con una determinada cantidad de horas de emisión. Porque más allá de los programas periodísticos uruguayos, lo que queremos es que haya mucha más ficción nacional. Eso por ahora está en cero, porque existen muchas contras, empezando en la propia televisión".
En el caso argentino, un mecanismo legal permite que las cooperativas formen una especie de patrón ficticio, para poder realizar los aportes correspondientes. En el caso francés, el Estado se puede hacer cargo de subvencionar la situación. En el caso uruguayo, las soluciones están por verse.