Si el problema no fuera tan grave, sin precedentes en la accidentada historia de nuestras relaciones con la República Argentina, habría que tomar a la chacota el último desplante del presidente Kirchner. Porque, en verdad, que el agresor pretenda pasar de agredido, que el lobo se disfrace de Caperucita, es demasiado. O "muy fuerte", como se estila decir ahora con agravio de la lengua cervantina.
Y más lo es, desde que el "señor K" ha aderezado su queja y su reproche con una nueva alusión de los "queridos hermanos uruguayos", que suena cada vez más distante de la realidad, sobre todo en sus labios, tan habituados al vituperio y la irrespetuosidad contra tirios y troyanos, sin excluir a nuestro gobierno y a su presidente.
Desde que Busti, a mediados del año pasado, principió la ofensiva contra nuestras papeleras en vías de instalación, hasta que, los piqueteros entrerrianos cortaron el tránsito por los puentes durante el pasado verano, su actitud fue de prescindencia. Prescindencia cómplice con ese atropello manifiesto al principio básico del Mercosur, que causó graves perjuicios al turismo y al comercio uruguayo.
Más tarde, en su calidad de presidente "pro-témpore" del Mercosur, se negó a la convocatoria del Consejo del Mercado Común, pedida por nuestro gobierno.
Y, doblando la apuesta, -ya en plena ofensiva- nos demandó ante la Corte de La Haya, solicitando, a título de medida cautelar, la paralización de las obras de Botnia. Otro hecho profundamente inamistoso, carente de antecedentes en la historia rioplatense.
Perdió por goleada en La Haya -14 a 1- y 3 a 0 en el Tribunal ad-hoc del Mercosur, que declaró, además, de la ilicitud de los cortes de rutas y puentes, la obligación de no permitirlos en el futuro, asignada a su gobierno. Pero uno y otro traspié no lo arredraron, al parecer.
Tanto no lo arredraron, que muy recientemente, al volver a las andadas los piqueteros de Gualeguaychú, dijo que no iba a usar la fuerza contra ellos. "U séase", que les iba a permitir la reiteración de su agresión a nuestro país, sin importarle un comino que ello implique un abierto desacato a ambos fallos de la Justicia. La internacional y la regional.
Lo dice, lo hace, y se queda muy jarifo, como si estuviera ejerciendo un sacrosanto derecho. ¡Pero cuál no sería su furia si el asunto fuera a la inversa, siendo uruguayas las exigencias improcedentes y los cortes de las rutas!
¿Y qué decir de su descarada presión ante el Banco Mundial, anunciada "urbi et orbi" y ejercida con desenfado -a través de una nota que él escribió personalmente-, sin parar mientes en el grave perjuicio de causar a Uruguay, en caso de haber sido exitosa? Le salió el tiro por la culata, pero ello no borra la feroz agresividad de tan descomedida actitud, impropia de una nación civilizada.
Ha habido mucho más.
Groseras declaraciones de Taiana -y los ya folklóricos ataques de los Fernández-, insólitas notas de protesta entregadas al embajador Bustillo, y el calificativo indebido de "intransigente", aplicado al Dr. Vázquez por el propio Kirchner. Era nuestro gobierno, ante tantas agresiones, el que debía y debe protestar. Pero no lo ha hecho.
Ahora, ante la garantía contra "riesgo político", otorgada a Botnia por el Banco Mundial y ante otras señales preocupantes, Uruguay, preventivamente y ejerciendo un derecho indiscutible, cometió a su ejército custodiar la planta finlandesa.
Ante ello, el ofensor se las da de ofendido. Es el colmo.
GONZALO AGUIRRE RAMÍREZ