Crean protocolo para casos complejos

Investigación. El nuevo código establece una rápida intervención de semiólogos y criminalistas

GUSTAVO TRINIDAD

En la pequeña habitación hay solo una mesa, dos sillas y un ambiente distendido. La mesa separa al sospechoso del interrogador. Una de las paredes es espejada y del otro lado el abogado defensor y el fiscal siguen paso a paso el interrogatorio.

Hay dos cámaras muy disimuladas que filman el cuerpo del interrogado en una toma general, y en un primer plano, el rostro. Paralelamente se graba el sonido que será analizado minuciosamente en sus acentos, sus timbres, sus intensidades, más allá de lo que el discurso esté diciendo.

Porque una palabra dicha es como un cuerpo, puede temblar, contraerse, crisparse, puede revelar el estado del interrogado. Del otro lado de la mesa está Washington Silveira, el único semiólogo criminalístico de la Suprema Corte de Justicia.

Después del interrogatorio Silveira analiza el discurso que se esconde tras los gestos y los sonidos del acusado.

La filmación es vista en tiempo real y en cámara lenta. Una hora de interrogatorio puede demandar unos siete días de trabajo. Si aparecen algunos signos de nerviosismo en determinado momento no alcanzarán. Tiene que verificarse la misma realidad por distintos caminos. Pero si por ejemplo, el interrogado se contradice en su historia, si esquiva la mirada únicamente cuando se le pregunta por determinada cosa, si una mano tiembla mientras acaricia la nuca, si hay algún elemento objetivo de la realidad que se da de bruces con la coartada esgrimida, más vale no estar en sus zapatos.

Lo de Silveira es el polo opuesto de lo que es la investigación criminal tradicional más tendiente al apremio y a la presión sobre el acusado. Sin embargo, la investigación científica es cada día más aceptada por la justicia.

MEDIDAS. En los últimos años se acumularon una cantidad de casos, sobre todo homicidios, en los que valiosas pruebas se perdieron por la modificación de la escena del crimen, a veces por parte de la propia Policía. Ahora, junto a jueces y fiscales, Silveira elabora un Protocolo Único de Investigación para Casos Complejos, que será presentado a principios del próximo año.

En su tarea ha trabajado para la Justicia Penal en casos complejos no resueltos. Pero Silveira sabe que cuánto más tarda la intervención técnica más se aleja la posibilidad de aclarar el caso. "El tiempo que pasa es la verdad que huye", dice un viejo refrán de la criminalística. Este protocolo incluye la rápida participación de especialistas en psicología del testimonio y semiólogos que analicen el discurso, no cuando ya pasó un año y no fueron aclarados. Se trata de que los primeros interrogatorios sean cuidadosamente planificados. Al momento no todos lo policías están preparados para esto. "Por este protocolo cada uno de los operadores calificados hará su papel. Cada uno elevará su informe para que el sistema de justicia tenga todos los elementos a tiempo y de una forma prolija", explica Silveira. La idea es darle al sistema jurídico toda la tecnología y el bagaje de experiencias que ya abandonaron la teoría y se enriquecieron con la práctica.

Los casos de un semiólogo

La idoneidad del semiólogo Washington Silveira fue reconocida por la Suprema Corte de Justicia, en la Acordada 7.449, por la que se le instituye en el Registro Único de Peritos como el único en su especialidad. Se dedica al análisis de la comunicación verbal y no verbal, comportamiento lingüístico y estructuras contradictorias; es requerido para evaluar la consistencia y credibilidad del discurso en las diferentes declaraciones que se producen en sedes judiciales.

Algunos de los casos en que ha intervenido son el homicidio de Andrés Trigo en Colonia, el de Sheila López en Rivera, el de Yauza Coelho en Soriano, Laura Delgado en San José, la muerte del Comisario Aguirre en Paysandú, el doble homicidio de Ávila Benítez y esposa en Florida, el homicidio de Víctor Olivera en Tacuarembó. Entre los casos más complejos en que trabaja figura el de la muerte del Agente de Policía Fernández Bazzan y el triple homicidio de Soriano.

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