EFE
Cuando todo Líbano aguardaba con temor las enormes manifestaciones con las que Hezbollah había prometido llenar las calles del país, el asesinato del ministro libanés de industria, Pierre Gemayel, sume a la población en una mayor incertidumbre.
Este último atentado es al menos el octavo contra figuras políticas y mediáticas de la corriente anti siria en dos años, y por supuesto este grupo, que controla el gobierno y el parlamento, ya ha acusado sin ambages al régimen sirio de estar tras el homicidio de Gemayel.
El joven ministro fue asesinado luego que dos coches bloquearan el paso a su vehículo en una intersección en un suburbio de Beirut mientras abandonaba la iglesia. Recibió numerosos impactos de bala que entraron por la ventana lateral.
En una señal de la gravedad de las tensiones dos docenas de soldados y un transporte blindado de personal cuidaban las oficinas del Partido Social Nacionalista Sirio, partido prosirio cuyas instalaciones fueron atacadas por una turba de iracundos simpatizantes de Gemayel la noche del martes.
Los aliados de Siria en el Líbano, como el partido Hezbollah, el presidente del parlamento, Nabih Berri, han pedido calma y no lanzar acusaciones sin pruebas.
Por un lado, parece lógico acusar a Siria de unos atentados contra figuras claramente hostiles a Damasco. La explicación es la siguiente: Siria pretende de este modo retrasar en lo posible el cerco que se cierra en torno a ella, empezando por el tribunal internacional que juzgará el primero de los asesinatos políticos, el del ex primer ministro Rafic Hariri en febrero de 2005.
El martes, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó, horas después del atentado contra Gemayel, apoyar la creación de ese tribunal internacional, que sin embargo no se concretará mientras no sea expresamente aprobado por el presidente (pro sirio), el gobierno y el parlamento libaneses.
El tribunal es una de las reivindicaciones de la corriente anti siria a la que pertenecía Gemayel. Según ellos, si Hezbollah y sus aliados chiitas y cristianos acaban de abandonar el gobierno libanés es sobre todo para entorpecer ese tribunal, aunque ellos aseguran que lo que desean es un nuevo reparto de carteras en un gabinete de unidad nacional.
Como las conversaciones para ese nuevo gobierno estaban estancadas, Hezbollah había anunciado manifestaciones callejeras -y suele cumplir estas promesas- para hacer caer al que llaman "gobierno de Jeffry Feltman", por el nombre del embajador de Estados Unidos en Beirut.
Pero por otra parte, también resulta extraño que Damasco se implique de tal modo en "vendettas" políticas en Líbano en un momento en que parece salir del ostracismo al que lo había condenado la administración del presidente estadounidense, George W.Bush, en los últimos años.
La idea que primero puso sobre la mesa el ministro español de Asuntos Exteriores, Miguel Angel Moratinos, de que Siria "es parte de la solución y no del problema" de Medio Oriente, ha calado incluso en el secretario general de la ONU, Kofi Annan, y el primer ministro británico, Tony Blair.
La pregunta más difícil de responder es a quién beneficia la serie de asesinatos políticos que ensangrentan el Líbano, dividen al pueblo y acrecientan los temores a una nueva guerra civil como la que arruinó el país entre 1975 y 1990.
Además, el país se encuentra todavía restañándose las heridas de la última guerra lanzada por Israel contra Hezbollah por la captura de dos soldados del ejército israelí, una contienda en la que muchos libaneses no tuvieron otro papel que el de víctimas pasivas de un conflicto en el que no tenían nada que ver.
Hezbollah, que nunca ha ocultado su hostilidad hacia Israel, también ha proclamado siempre que nunca utilizará sus armas contra el pueblo libanés, y no parece que el caso de Gemayel sea una excepción.
La presencia de tropas extranjeras en el sur del país no complace a Hezbollah. Aunque se ha guardado mucho de atacarlas hasta el momento, la animadversión crece entre la población chiita contra unos cascos azules vistos como ocupantes y defensores de los intereses de Israel.
Beirut se detendrá para recibir el funeral
FRAY BENTOS - Líbano se prepara para el funeral del ministro de Industria, Pierre Gemayel, en lo que se pronostica será hoy una movilización masiva en Beirut, mientras hoy continuaron las expresiones de preocupación por los riesgos que afronta ese país.
Ayer, desde las primeras horas de la mañana, una multitud conmovida rindió homenaje a Gemayel, cuyo féretro fue trasladado envuelto en la bandera blanca con el cedro verde estilizado del Partido de las Falanges Libanesas, a la residencia familiar de Bikfaya,
En la localidad sobre las montañas, unos 30 kilómetros al noreste de la capital, cientos de personas recibieron el féretro y otras miles desfilaron en el velatorio.
El funeral de Gemayel será en la basílica católica maronita de San Jorge, en el corazón de Beirut, ocasión que puede transformarse en una gigantesca manifestación de la mayoría parlamentaria anti siria, reunida en la coalición de las Fuerzas del 14 de Marzo, según la prensa local.
Beirut se detendrá hoy "totalmente" para el funeral de Gemayel, informó el canal libanés Future, propiedad de la familia del ex premier Rafik Hariri, asesinado en febrero de 2005.
Escuelas, bancos y oficinas permanecerán cerradas durante el sepelio del ministro de 34 años asesinado el martes.
Un país partido en dos
El asesinato de Pierre Gemayel se produjo después de varias semanas de turbulencias políticas en el gobierno, dominado por los antisirios y apoyado por Occidente, y unas horas antes de que el Consejo de Seguridad de la ONU diese su visto bueno a la creación de un tribunal internacional para juzgar a los autores del asesinato de Rafic Hariri, en el que estarían presuntamente implicados responsables sirios y libaneses. Hariri fue asesinado el 14 de febrero de 2005, unos meses después de haberse distanciado de Damasco, en un atentado que marcó el fin de tres décadas de tutela siria en el Líbano. Hoy, el país está dividido entre un primer ministro, Faouad Siniora, antisirio, y un primer ministro afín a Damasco, Emil Lahoud.