EDWARD PIÑÓN
A los 82 minutos de juego, cuando la hinchada de Defensor Sporting entonó el "ole, ole" para ponerle la moña al regalo que sus jugadores le habían entregado desde el campo de juego, sus vecinos tricolores ya no tenían ni tiempo para prestarles atención. En lo único que pensaban, aunque pareciera increíble, es en lo que estaba sucediendo en Jardines del Hipódromo.
Asumida la abrumadora diferencia de la cual habían sido testigos, producto de la cual los violetas le propinaron a los tricolores un contundente 4-1, lo único que importaba es que Danubio le anotara el segundo gol a Rampla Juniors para que mantuviera así a Peñarol a distancia en la lucha por el título.
Claro, atrás, ya muy atrás, habían quedado los aplausos al locutor del Parque cuando anunció que el picapiedra le estaba ganando a los franjeados.
Es que por abajo de ese puente pasó mucha agua. En realidad, mucho fútbol. Porque ayer la brecha entre el juego de Defensor y Nacional fue realmente gigante.
Los hombres del "Polilla" Da Silva asumieron el control del partido de principio a fin y apenas se vieron complicados transitoriamente cuando Nacional logró empatar en un tanto por bando, producto de la tremenda efectividad de Carlos Juárez.
Antes de eso y especialmente después, Nacional jamás encontró la pelota. Los de Punta de las Carretas la manejaron a su antojo. La llevaron de un lado para el otro, la escondieron y la utilizaron con una certeza propia de los equipos argentinos.
Y eso hasta podría utilizarse de ejemplo para dejar bien en claro las razones de la goleada. Sucede que mientras Defensor tuvo un mediocampo veloz, dinámico, de gran manejo y de poco traslado (típico del fútbol de la vecina orilla), Nacional fue pura lucha y pelotazo (casi un patrimonio uruguayo de las últimas décadas).
En la velocidad, rubro que hizo hasta mucho más sólida y fuerte su defensa, porque los violetas llegaron siempre a cerrar y a cortar el juego tricolor, y en el despliegue de sus volantes, los "tuertos" fortalecieron una goleada que empezó a forjarse con centros que fueron bien aprovechados y que se cimentó con el mejor rendimiento colectivo de todo el equipo.
Es más, por encima de las lesiones de Castro y Romero, que obligaron a Martín Lasarte a realizar variantes en la primera mitad, debe quedar claro que el trabajo del tricolor fue malo. Con un Tejera errático y sin la adecuada generación de juego, Nacional terminó tirando pelotazos para Juárez y de esa forma hasta favoreció la tarea del rival.
Por todo eso, el partido fue una pinturita violeta.
La cifra
3 de los goles de ayer vinieron por jugadas de pelota quieta y curiosamente todos de córner
La venganza
Del 1-3 al 4-1
La última vez por el Uruguayo había sido victoria tricolor en el Franzini.