Después de Castro

ANDRÉS OPPENHEIMER

El día que muera el presidente vitalicio de Cuba, Fidel Castro, cuando sea que ocurra, varios países latinoamericanos enviarán sus condolencias, y al mismo tiempo pedirán una apertura democrática. Lamentablemente, el país más grande de Sudamérica no estará entre ellos.

Antes de contarles por qué Brasil probablemente se quedará mudo en lo que hace a pedir libertades políticas en Cuba, permítanme compartir lo que estoy escuchando en círculos diplomáticos latinoamericanos. Según me dicen, cuando Castro fallezca por lo menos media docena de países de la región incluirán una línea en sus mensajes señalando que la muerte del presidente cubano cierra una era en la historia cubana, y debería abrir otra.

Algunos de ellos, como Costa Rica o El Salvador, probablemente pidan abiertamente reformas políticas. Otros, como México, Perú, y Chile, probablemente hagan lo mismo más sutilmente. Dirán que Castro será recordado como un gran defensor de la soberanía cubana, y que esperan que Cuba inicie ahora un período de reconciliación nacional, una forma elegante de decir que llegó la hora de permitir libertades escenciales.

Sin embargo, tras la victoria electoral de Lula da Silva, le pregunté en una entrevista a su principal asesor de política externa - y presidente del Partido de los Trabajadores - Marco Aurelio García, si Brasil se unirá a los países que pedirán una apertura en Cuba. Y su respuesta fue un categórico "no". García, me señaló que "Brasil no va a pedir eso. Te voy a decir lo que Brasil va a pedir: Brasil va a pedir que se deje a Cuba resolver sus problemas. Eso significa que no se hagan presiones desde afuera".

¿Porqué?, le pregunté. Hay principios internacionales que exigen la defensa colectiva de la democracia. Además, cuando en Brasil había dictaduras, ¿acaso García y sus compañeros que entonces estaban escondidos o en el exilio, no pedían presión internacional para lograr una apertura en su país?

"Yo estoy absolutamente convencido de que presiones foráneas son muy malas", respondió García. "Y más en un país que tiene un sentimiento nacional muy fuerte." ¿Cómo saber cuál es el sentimiento nacional de los cubanos?, le pregunté. ¿Cómo saberlo si Cuba no ha permitido una elección en más de cuatro décadas, y no hay libertad de expresión? "Bueno, ahí no seremos nosotros los que vamos a decir cómo debe Cuba resolver sus problemas. Déjame decir lo siguiente: ahí tenemos una divergencia con EE.UU.", respondió García.

Está bien, respondí. No estoy diciendo que Brasil deba apoyar el embargo comercial a la isla. ¿Pero por qué no hacer como México y las democracias europeas, que hacen las dos cosas: oponerse a las sanciones económicas y al mismo tiempo a la represión política?, pregunté.

Sin salirse de su línea, García admitió tácitamente que espera ver cambios políticos en la isla tras la desaparición física de Castro."Yo creo que eso se resuelve si nosotros no hacemos presiones desde afuera. Lo que a nosotros nos preocupa es que si se suman muchas presiones, incluso los objetivos que algunos persiguen van a ser más difícil de alcanzar".

No estoy de acuerdo. García tiene razón en que presiones demasiado burdas serían contraproducentes. Pero creo que sería de gran ayuda para la oposición pacífica en Cuba que los países latinoamericanos hagan sugerencias respetuosas de que la muerte de Castro abrirá un nuevo período en la historia cubana, y que estas sugerencias sean acompañadas de ofertas de ayuda económica condicionadas a una gradual apertura democrática. Un viejo dicho de la revolución mexicana dice que "no hay general que resista un cañonazo de $50 mil".

Pues bien, creo que será muy difícil que los generales cubanos puedan resistir un cañonazo de $5 mil millones de la comunidad internacional a Cuba, a cambio de que la isla deje de ser un estado policíaco.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar