RICARDO SOSA
No es todo papeleras a la hora de medir el impacto de la política de la administración Kirchner sobre Uruguay. En la semana que pasó hubo hechos que muestran como acciones de política interna en Argentina pueden tener en vilo a la economía de este lado del río. No sólo se trata de trabar un crédito ante el Banco Mundial o de no impedir los cortes de rutas. La política energética o la de control de precios golpearon o lo harán a sectores productivos locales.
El viernes la Secretaría de Agricultura dispuso la suspensión sin plazo para el registro de exportaciones de maíz para auditar si no se inscribieron operaciones ficticias. Se sospecha que los exportadores anotan ventas sin que estén acordadas para pagar menos retenciones.
La noticia en Uruguay cae en un escenario ya complicado. Hay varios sectores de fuerte consumo de maíz como el avícola que ya tuvo que trasladar a precios las subas en el precio internacional del grano. Si la decisión argentina culmina en una traba de hecho a la exportación de maíz, los importadores locales tendrán un nuevo dolor de cabeza. Al importar casi exclusivamente desde Argentina, el acceso al maíz será más costoso tanto si se trae de Argentina como si se recurre a otro mercado.
A mitad de semana un paro en el sur argentino dejó sin gas natural por casi dos días a las industrias locales, aunque se logró preservar el suministro residencial. Aunque sin efectos económicos de porte, el hecho es una nueva muestra de como Uruguay siempre está al borde al depender tanto de los vecinos. El horizonte para el corto plazo no es alentador. La posibilidad de restricciones en Argentina son un dato de la realidad en un país donde el congelamiento de tarifas, entre otros motivos, llevó a que la inversión no acompañe la demanda.
Si al ninguneo argentino sumamos las demandas locales por trabas comerciales nada resume mejor la relación bilateral que la película de 1991 con Julia Roberts "Durmiendo con el enemigo".