WASHINGTON N AP, EFE Y LA NACION/GDA
El presidente George W. Bush parece decidido a iniciar la retirada de Irak, tal como piden los triunfantes demócratas. Ayer murieron 54 personas en diversos ataques en ese país, entre ellos 7 soldados.
"Nadie puede estar satisfecho con la situación en Irak". Lo dijo ayer el jefe de gabinete y principal asesor de Bush, Josh Bolten y agregó que el presidente está abierto a nuevos caminos con respecto a Irak e incluso dispuesto a rever su relación hasta ahora hostil con Siria e Irán.
Hoy será un día clave pues el presidente participará de una reunión del Grupo de Estudio de Irak (GEI), compuesto por republicanos y demócratas y donde Bush escuchará las opciones.
Debilitado por la conquista de la mayoría en el Congreso por parte de los demócratas, Bush prometió trabajar consensuadamente con la oposición sobre los grandes temas políticos sin renegar de sus principios.
E insistió en que el retiro de los 150.000 militares estadounidenses desplegados en Irak sólo tendrá lugar "con la victoria".
Los demócratas, por su parte, pedieron el repliegue de las tropas en un plazo de cuatro a seis meses, lo que pone a Bush en situación de negociar.
EL PLAN. El GEI, que publicará sus conclusiones en los próximos meses, podría proponer un retiro gradual de Irak y la apertura de negociaciones con Siria e Irán, vecinos de Irak y enemigos de Estados Unidos en la región, para ayudar a restaurar la estabilidad.
Según medios de comunicación británicos, Bush mantuvo con el primer ministro británico, Tony Blair, su principal aliado en la guerra de Irak, una larga conversación telefónica en la que abordaron posibles cambios en la estrategia de la coalición en ese país.
En el Pentágono, el jefe del estado mayor conjunto, el general Peter Pace, indicó el fin de semana, al día siguiente de la renuncia del secretario de Defensa Donald Rumsfeld, que el Ejército estudiaba un cambio de rumbo en Irak.
Otras fuentes consideran que el alejamiento de Rumsfeld -considerado un obstáculo para el consenso con los demócratas- ayudará a las alternativas. El mismo Bush dijo que la llegada de Robert Gates a la Secretaría de Defensa traería una "perspectiva fresca" a la estrategia sobre Irak, aunque llamó a los "enemigos" a no confundir "el funcionamiento de la democracia norteamericana con una falta de voluntad de los Estados Unidos"
Los planes en estudio del presidente abarcan la alteración de las zonas de despliegue de las tropas -incluyendo Bagdad y otras ciudades o regiones donde surgen picos de violencia sectaria-, retiradas de manera escalonada y el aumento de la presión sobre el nuevo gobierno iraquí para que garantice la seguridad de la población con sus propias fuerzas.
El replanteo también incluiría una cumbre regional junto con otros protagonistas centrales de la zona (entre ellos Siria e Irán), para debatir y, quizás, acordar cómo colaborar con el futuro de Irak.
CAOS. Sólo ayer, murieron 54 personas en distintos ataques en Irak; el más mortífero de ellos provocó la muerte de 35 reclutas que se encontraban en un centro de alistamiento de la policía cuando fueron blanco de un atentado suicida.
La ola de violencia llevó a que el primer ministro iraquí, Nuri al Maliki, pidiera "una remodelación completa" del gobierno; que todos los ministros respondan a el país y no a los grupos religiosos, pidió.
Unos 310.000 iraquíes son policías y militares, un número que Estados Unidos espera acrecentar y entrenar de manera acelerada.
Las cifras
2.777 - Es la cantidad de soldados estadounidenses que han muerto en Irak desde el inicio de la invasión, en 2003. La mayoría fallecieron luego de la toma del país.
Otro frente: 3.700 afganos murieron desde enero
KABUl n Más de 3.700 insurgentes y civiles murieron en combates o atentados desde comienzos de 2006 en Afganistán, cuatro veces más que en 2005, según un informe oficial difundido ayer y que presenta una visión pesimista sobre la situación del país.
El informe del Consejo Común de Vigilancia y Coordinación, que reúne a representantes del gobierno afgano y de la comunidad internacional, no precisa cuántos de esos fallecidos eran civiles, pero, según las organizaciones internacionales de defensa de los derechos humanos, podrían ser un millar.
Las muertes violentas relacionadas con la insurrección pasaron "de menos de 300 cada mes a finales de marzo de 2006 a más de 600 mensuales a finales de setiembre, mientras que en 2005 fueron unas 130 al mes", subraya el informe, publicado en un sitio de internet del gobierno afgano (www.ands.gov.af).
La intensificación de la violencia, sobre todo en el sur y en el este de Afganistán, tuvo un impacto directo sobre "el desarrollo económico del país, mucho más lento y geográficamente limitado de lo que esperábamos", según la misma fuente. AFP