Paul Krugman | The New York Times
Irak es una causa perdida. Es una simple aritmética: las fuerzas estadounidenses son lo suficientemente grandes como para sufrir pérdidas terribles, pero demasiado reducidas para estabilizar el país. Las tropas son tan insuficientes que incluso hemos estado perdiendo influencia: el primer ministro Nouri Al-Maliki rechazó los esfuerzos estadounidenses para tener un cronograma de control de las milicias.
Afganistán, por otra parte, es una guerra que aún no está perdida, y es posible que un compromiso nuevo de las fuerzas pueda darle un giro a las cosas.
La moraleja es clara: hay que salir de Irak porque nuestra presencia constante no está haciendo otra cosa que desperdiciar vidas estadounidenses. Y si liberamos nuestras fuerzas aún podríamos salvar Afganistán.
El análisis clásico de la aritmética de las insurgencias es un artículo de 1995 de James T. Quinlivan. "Requerimientos de fuerzas para operaciones de estabilización", repasa la cantidad de tropas que necesitaron fuerzas de paz para mantener el orden y lidiar con las insurgencias. Las comparaciones de Quinlivan indican que aun países pequeños necesitarían grandes fuerzas de ocupación.
En algunos casos fue posible estabilizar países con entre cuatro a 10 tropas por cada mil habitantes. Sin embargo, ejemplos como la campaña británica contra las guerrillas comunistas en Malasia y el combate contra el IRA indican que el orden y la estabilidad en un ambiente difícil podrían requerir alrededor de 20 hombres por cada mil habitantes.
Irak es un caldero de violencia, mucho peor de lo que fueron Malasia o el Ulster. Y eso significa que se requeriría una fuerza de al menos 20 por cada mil iraquíes, es decir, 500.000 soldados y marines. No los tenemos.
Dada la forma en la que Bush relegó Afganistán al estatus de secundario, impacta darse cuenta que Afganistán tiene una población más grande que Irak. Si Afganistán estuviera en peor estado que Irak, su estabilización requeriría de al menos 600.000 tropas, una imposibilidad obvia.
Si dejáramos de intentar hacer lo imposible en Irak, se podría colocar más tropa en un lugar donde aún harían algún bien. Sin embargo, tenemos que hacer algo pronto: el comandante de la OTAN en Afganistán dice que la mayor parte de la población cambiará su lealtad hacia el renaciente Talibán a menos que las cosas mejoren para dentro de un año.
Es difícil creer que la única superpotencia esté al borde de perder no sólo una sino dos guerras. Sin embargo, la aritmética de las operaciones de estabilidad indica que a menos que se abandonen los esfuerzos infructuosos en Irak, se va camino a hacer justamente eso.
Análisis
Aun países pequeños necesitan grandes fuerzas de ocupación para ser estabilizados