Más de "Colelo"

Rebar

L a semana pasada publiqué una nota que se remataba con un chiste de "Colelo", un personaje que sobresalía por su chispa entre los atenienses de "los años locos". Para la mayoría de los lectores, Marco Aurelio Bianchi -que así se llamaba- resultó un desconocido, desde que fue opacado por el protagonismo de otras figuras de la inolvidable troupe. Sin embargo, por esos tiempos la fama de "Colelo" alcanzó dimensión rioplatense: y el hecho revivió en mi memoria al leer en "Perfil" del domingo 15 del corriente, unas manifestaciones del nuevo Decano de la Facultad de Arquitecturas bonaerense, Jaime Sorín. El hombre ya se había guardado cuando nació su hijo Juan Pablo, que hoy es capitán de la selección argentina de fútbol. Pibe que demostraba sus habilidades en los potreros, se le conocía por "el hijo de Sorín", prestigioso arquitecto; pero, en el transcurso de pocos años, el muchacho trazó una brillante trayectoria en el balompié mundial, y entonces el arquitecto pasó a ser "el padre de Sorín", lo que no deja de molestarle.

Con nuestro humorista y su progenitor ocurrió algo semejante. Don Edmundo Bianchi -poeta, escritor, traductor de lilteratura y teatro franceses- era una personalidad respetada en los círculos intelectuales, lo que justificó su designación como Agregado Cultural de la Embajada del Uruguay en la Argentina. Desempeñaba su gestión fundamentalmente en Buenos Aires, ciudad en la que, algunos años antes, el hijo dejara huellas de su gracia espontánea. A pesar del llamativo currículum, la alternancia de don Edmundo en los salones d ela diplomacia no superaba el adjetivo de normal. Cuando era presentado mencionando su cargo, recibía el gesto habitual de la cortesía... y punto. Hasta que un día, en la recepción de una Embajada, un conocido suyo agregó a la presentación de rigor un complemento inusitado: "El señor es el padre de `Colelo`. Y se armó un revuelo fenomenal: varios asistentes sabían de memoria las salidas graciosas de aquel juvenil integrante de la troupe; y ante la sorpresa de don Edmundo las reactualizaron entre sonrisas (la carcajada no es diplomática) haciendo muy disfrutable el momento.

Pero, "Colelo" era bastante más que un genuino chistoso: nos legó frases como estas: "El alcohol acorta la vida, y la lluvia los trajes"; "El cinturón es la horca de la barriga"; "La ventana siempre le arruina el programa al viento"; "El perro es el amigo del hombre. El árbol es el amigo del perro. Y el hombre no es amigo de nadie"... Puesto a escribir en serio, concebía versos tan bellos como éste: "La Madre de Dios/ cuando era pequeña/ con su abecedario/ marchaba a la escuela/. A su escuela iban/ ángeles del cielo/ que la rodeaban/ volando en silencio/. Los ángeles velan/ su sueño de amor/ y dicen: Ya duerme/ la Madre de Dios".

Querido e inolvidable "Colelo": Cada vez que el día amanece/ iluminado por un sol brillante/ sin una nube que lo atraviese... / invitando a vivir alegre, sin desvelo/ una voz, dentro mío, me dice susurrante/ "hoy, `Colelo` está de turno en el cielo".

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