"Hay derecho a estar decepcionado"

El docente Ricardo Vilaró dijo que la izquierda venía luchando desde hacía 50 años para ser gobierno y que ahora debía pensar en una educación para el siglo XXI, ¿qué opina?

-Yo me sigo considerando una persona que pertenece a la familia de la izquierda aunque no pertenezco al partido de gobierno. Tenía una expectativa algo diferente. No desmedida, porque manejo los datos de la realidad. Pero la propia coalición de gobierno, que tuvo un crecimiento electoral espectacular, no llegó nunca a un acuerdo básico respecto al tema de la educación. Ahí hay un origen del problema. Creo que ahí hay una especie de renuncia a una potestad que la ciudadanía mayoritariamente y de manera inédita le da al gobierno. No cabe duda que dentro de la izquierda hay severas discrepancias. Ricardo Vilaró fue expulsado de su gremio -gremio que refundamos en su momento, pertenecíamos a la misma agrupación sindical- por ser un dirigente en el proceso de reforma educativa de Germán Rama. Si eso a mí me escandalizó y fue decisivo para que yo me fuera del Frente Amplio -creo que ni Vilaró lo sabe-, mucho más llamativo me resultó que fuera muy débil la defensa que los propios partidos del Frente Amplio hicieron de una víctima. Con ese nivel de desacuerdo, llegar al gobierno iba a generar problema.

-Históricamente las figuras de la cultura se vincularon a la izquierda ¿es lo que esperaba en educación?

-Siempre hubo una identificación entre las élites educativas y las de la izquierda. Eran como piezas intercambiables. Uno tenía una gran expectativa respecto a lo que pasara. Hay cierto derecho a sentirse un poco decepcionado respecto a eso.

-¿Cómo ve a las autoridades de la enseñanza?

-En el Ministerio, en concreto, en lo que tiene que ver con la educación, el ministro Brovetto y el director Garibaldi se han manejado mejor de lo que esperaba. Con amplitud, dedicación y ejecutividad. Por suerte. En los organismos de educación creo que hay un problema de base por la no participación de la oposición. Fue un error garrafal de gobernantes y oposición. En cuanto a la ANEP, creo que ha faltado más iniciativa. Veo que ha habido una preocupación -tal vez comprensible- de no gobernar en conflicto con los sindicatos y con los profesores. Hace falta más iniciativa.

Me gustaría encuestar a nuestros dirigentes, a los que más enfáticamente parecen defender la educación estatal, para ver dónde envían a sus hijos cuando van a la escuela o al liceo. Pueden mandarlos donde quieran, pero cuidado con los dobles discursos.

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