CONSULTORA SERAGRO
Por efecto de una reducción en la oferta global del grano, el precio internacional del trigo se elevó a niveles similares a los del boom del ciclo 95/96. La sequía en Australia y la reducción de la producción en importantes países productores, como Ucrania y, en menor medida, en Argentina, son el fundamento principal de la suba.
Esto elevó el precio del trigo en el mercado de Chicago (referencia internacional, junto con Kansas), que pasó de U$S 140 /ton a comienzos de este año a más de U$S 190 al cierre de esta semana, un aumento de casi 40%.
En Uruguay, dadas las perspectivas de una zafra triguera suficiente para cubrir el mercado interno y generar excedente, el precio de referencia es el de exportación. Históricamente, esto implicaba precios bajos para los productores, que preferían un escenario más ajustado entre oferta y demanda local, para "pelear" mejor el precio.
Pero no es el caso de este año, por lo dicho: los valores de exportación están en un pico histórico y el precio en Uruguay para la mercadería disponible ya supera los 180 U$S/ton, aunque queda poco trigo por vender y se están gestionando importaciones.
Este hecho es lamentado por la industria molinera, que vio cómo se exportó trigo a comienzos del año (inmediatamente luego de la cosecha) y ahora hay que importarlo. Sin embargo, en condiciones de mercado libre, cada operador hace lo que considera conveniente, considerando márgenes y costos financieros.
Precisamente, para el trigo de la próxima cosecha, los productores han fijado precios de entre 175 y 180 U$S/ton puesta en Nueva Palmira (puerto de exportación). Estos valores no se ven desde 1996 y son excepcionales. Además, la situación del mercado internacional hoy es diferente a la de aquel año, cuando el abrupto descenso en los stocks por problemas de producción, llevó a un ciclo especulativo en los mercados a futuro, que luego se revirtió abruptamente, con las consecuencias sabidas.
En 2006, el trigo sube después de una serie de años de buenos precios promedio, lo que ilustra un mercado con mejores fundamentos. La demanda extra que implica la energía, como destino de varios granos (maíz, girasol, soja) impacta indirectamente en el mercado triguero. Además, el consumo humano sigue creciendo, aunque lentamente, y los precios reaccionan si la producción enfrenta problemas.
Para la agricultura uruguaya, el alza en el trigo es bienvenida, dado que equilibra el atractivo entre cultivos de invierno y verano, después de varios años en que los últimos han sido más atractivos. Hay que recordar que la suba en trigo también se refleja proporcionalmente en cebada.
FELIZ COINCIDENCIA. Mientras el mercado se presenta sonriente, también el clima sopla de popa para las chacras de trigo. Si bien las siembras sufrieron algunos atrasos, se llegaron a plantar casi 190.000 hectáreas. Hoy, los cultivos están muy bien, con un clima fresco y soleado, con escasa humedad hasta ahora, que compone las mejores condiciones para el desarrollo de los trigales. Ya puede decirse que se ha superado el momento crítico, de potencial daño por hongos (caso del fusarium), aunque el tiempo siempre puede deparar sorpresas. Resta además, el período de cosecha, donde condiciones de humedad y lluvias pueden afectar seriamente la calidad del grano.
Asumiendo esos recaudos, puede proyectarse un rendimiento mínimo de 2,5 ton/ha, lo que llevaría la producción nacional a un rango de 450 a 500 mil toneladas. Sin embargo, seguramente el rendimiento promedio se ubique cerca de las 3 ton/ha, caso en el cual la producción superaría las 550.000 toneladas.
En Uruguay, se estima un consumo de más de 350.000 toneladas anuales, pero no llega a las 400.000. En este escenario, si la cosecha es abundante, el excedente puede superar 100.000 toneladas, que deberán exportarse.
Esta perspectiva preocupa a la industria molinera, que compite con las empresas exportadoras por la materia prima. Si bien en los últimos años los molinos han intentado establecer contratos previos con los productores, que les aseguren la materia prima, éstos mecanismos no se han consolidado. Contrariamente, los negocios de exportación de grano tienen la ventaja de operar con los mercados de futuro (como Chicago), que permite fijar precios por anticipado.
En estas semanas, muchos productores han optado por fijar precio a futuro por parte de su cosecha (entre 1.000 y 2.000 kg/ha) de forma de reducir el riesgo precio. De todas maneras, los fundamentos del mercado son firmes y no hay elementos para esperar una caída brusca del precio, más allá de esperables correcciones.
Otro tema que preocupa a los molinos es la competencia de Argentina. Allí, siguen vigentes las detracciones a la exportación de grano de trigo (20%), pero las detracciones a la exportación de harina se ubican en 10%, lo que implica un subsidio implícito a los molinos. Los molineros uruguayos temen que eso dé lugar a la entrada de harina desde la vecina orilla.
¿Y EL PAN? El aumento en el precio del trigo que se registró este año, llevó a varios ajustes al alza en el precio mayorista de la harina que llega a panaderías, fábricas de pasta y galleterías. Se espera un nuevo aumento de 8% antes de fin de mes y otro antes de fin de año. Todo eso sumaría un aumento de 35% en 2006, en el precio mayorista, que hoy (antes de los próximos aumentos), se ubica en 350 U$S/ton puesta en panadería (los panaderos pagan la harina en dólares).
En la panadería, la harina es un porcentaje importante del costo total, dependiendo del panificado. Los panaderos, como criterio general, pasan la mitad del aumento a los precios al público. Por ello, puede esperarse que el año cierre con aumentos de entre 15% y 20% anual en el precio de los panificados.