El control de la cárcel construida en el predio del Ejército ubicado en la calle Domingo Arena, es visto entre los generales de la fuerza de tierra como el "hierro caliente" que deberá enfrentar el nuevo comandante que asuma.
El ex comandante Carlos Díaz tenía previsto, antes de ser relevado, lograr algún cambio en la postura del Poder Ejecutivo, para que el Ejército tuviera mayor incidencia en el establecimiento.
También aspiraba a que en la cárcel sólo se alojaran los militares retirados y ex policías procesados por el caso de Adalberto Soba, y evitar que se trasladaran a presos comunes.
La decisión -esencialmente de la ministra Azucena Berrutti- de que la cárcel estuviera bajo la órbita de la cartera de Interior, generó gran malestar en el Ejército, y especialmente en Díaz, que le había trasmitido la posición de la fuerza al presidente Vázquez.
Empero, la firme postura de Berrutti echó por tierra la idea original de Díaz y de la mayoría de los generales.
En las próximas semanas, Díaz iba a mantener un nuevo encuentro con autoridades del Ministerio del Interior, para tratar de lograr que se reviera en parte la decisión respecto a que la cárcel estuviera custodiada por la Policía. El ex comandante había asumido un compromiso con los detenidos y sus familiares sobre el tema.
RELEVO. En otro orden, fuentes del gobierno indicaron que si bien Vázquez dispuso el relevo de Díaz, el papel que jugó la ministra Berrutti para la decisión del mandatario, fue fundamental. Según los informantes, apenas conoció la noticia de la reunión de Díaz con el senador Julio Sanguinetti, la titular de Defensa mantuvo contactos con el senador socialista José Korzeniak para evaluar el tema.
El hecho de sentirse desautorizada, llevó a Berrutti a comunicarse con Vázquez a primeras horas de la mañana del jueves, para expresarle su posición a favor del relevo. La propuesta de sancionar a los generales Miguel Dalmao y Pedro Aguerre, que dependen directamente de su cartera, también fue iniciativa de Berrutti.