Jorge Abbondanza
Los vascos y los irlandeses bajaron las armas. Ese doble acontecimiento puede pacificar definitivamente a Euskadi y el Ulster, pero además significa la solución de conflictos históricos que en ambos casos contaban con varios siglos de violencia. La ETA había anunciado el 22 de marzo un cese del fuego que el gobierno español celebró como una victoria sobre 38 años de lucha armada, en que los atentados del grupo clandestino dejaron un saldo de más de 800 muertos. Claro que ahora las negociaciones son difíciles para acordar un estatuto de autodeterminación vasca y conciliar esos márgenes de gestión política con las aspiraciones de los independentistas. Pero el épico esfuerzo vale la pena, ya que podrá dejar atrás el espanto callejero de las bombas y la barbaridad de los asesinatos a sangre fría. Si se salvan algunos escollos, podría crearse una "eurorregión" que abarque el País Vasco, Navarra y las tres provincias del departamento francés de los Pirineos Atlánticos. Veremos.
Los irlandeses del IRA se habían levantado en armas a fines de los años 70 y mantuvieron desde entonces una guerra civil en Irlanda del Norte que costó unos 3.600 muertos. Disfrazada de pleito religioso entre católicos y protestantes, esa crisis era en verdad el epílogo de 500 años de enfrentamientos bajo la dominación inglesa de la isla, que obtuvo la independencia a comienzos del siglo XX aunque el Ulster (en la costa norte) siguió formando parte del Reino Unido. Ahora el IRA ya ha cumplido con el alto al fuego que anunció en 2005 y sus líderes se han sentado con delegados británicos para volver a instalar una Asamblea Legislativa en Belfast, consagrando así el fin de tres décadas de violencia. Veremos.
Ese doble panorama de apaciguamiento es muy alentador y tiene un inesperado reflejo en Uganda, donde otros 20 años de guerra interna entre el gobierno y el sublevado Ejército de Resistencia del Señor parecen concluir gracias a la tregua iniciada el 29 de agosto y al proceso de paz que se negocia entre las partes. La crisis ugandesa se desencadenó en 1987 y desde entonces forzó a 2.000.000 de personas a evacuar sus hogares, pero además ha tenido episodios escalofriantes de asesinatos colectivos y secuestros en masa de niños, bajo directivas emanadas del mesiánico Joseph Kony, que se cree un iluminado pero ha sido ante todo una mente criminal. Ahora la tregua cuenta con el monitoreo del subsecretario de Naciones Unidas para Asuntos Humanitarios. Veremos.
El diálogo es la gran salida para los conflictos internos, porque la otra solución conocida es la derrota militar de uno de los bandos. Eso ocurrió en Perú con Sendero Luminoso, la fuerza maoísta que golpeó al país entre 1980 y 2000, dejando un reguero de 69.000 cadáveres. El fanatismo de Abimael Guzmán ha tenido un punto final el viernes 13 con la condena a cadena perpetua que recayó sobre él, pero esos extremos peruanos son menos auspiciosos que los acuerdos en que reposa la verdadera pacificación. De otra forma los enconos no se apagan, como quedó demostrado el lunes 16 en Sri Lanka, donde la guerrilla de los Tamiles lanzó un atentado suicida que dejó 102 militares muertos y 150 heridos, a pesar de que en 2002 se había firmado una tregua luego de 20 años de lucha y 65.000 muertos. Ahora las ilusiones que despertó esa tregua se han evaporado. Veremos.