Antonio Mercader
En el Uruguay de hoy se acosa a los periodistas lo que pone en peligro las libertades fundamentales. Gabriel Pastor, de Búsqueda, está sometido a una investigación por el Inau, un organismo oficial, mientras que Alfonso Lessa, de canal 12 y El País, es víctima de amenazas. Son dos profesionales netos, agredidos ambos en forma anónima. Todo indica que en el caso de Pastor la denuncia sin nombre viene de la izquierda en tanto que a Lessa se lo ataca desde la derecha. Los responsables son extremistas de distinto signo cuyas conductas coinciden a la hora de hacer carne en la prensa.
Esa gente sabe lo que hace. Sabe que si logran debilitar a la prensa recortan las libertades. Porque la libertad de expresión, tal como está organizada en nuestro Derecho, es centinela, protectora y salvaguardia de las demás libertades, al decir de uno de nuestros primeros constituyentes, José Ellauri. Sin un periodismo libre todos los demás derechos descaecen. Por eso es tan importante preservar a los periodistas, asegurar su independen-cia y ponerlos a resguardo de la pretensión de intimidarlos.
Quien repase las intachables trayectorias de Lessa y Pastor descuenta que las denuncias anónimas no los intimidarán. Pero estos intentos van más allá de ellos pues actúan a la vez como un mensaje por elevación a todos sus colegas. El mensaje dice que hay alguien que vigila y que ese alguien es capaz de hacer daño. En cualquier democracia, tratándose de periodistas notorios, esta situación debería ser una señal de alarma para el sistema político, incluido en lugar prioritario el gobierno de la República.
Aunque es prematuro juzgar la reacción gubernamental, uno diría que las respuestas del poder no han estado a la altura de las circunstancias. Peor aun, en los días en que trascendían ambos ataques, un ministro habló de "doblarle el brazo a la prensa" y algún legislador oficialista insistió con que hay una "conjura" de ciertos periodistas contra el partido de gobierno. La idea del "eje del mal" planea tras esas palabras, o sea la errada concepción de que todo periodista que critica es miembro de un complot opositor.
Por suerte, al relanzar esta semana las radios del Sodre, Tabaré Vázquez se reiteró devoto de la libre expresión, lo que es un avance con respecto a dichos anteriores en los cuales el presidente cargó expresamente contra ciertos medios de comunicación. Es de esperar que esta actitud más positiva de Vázquez encuentre muchos imitadores.