Familia

Padres inciden cada vez menos en la educación de sus hijos El Internet, la televisión, los juegos electrónicos, las actividades fuera del hogar, hasta el colegio, sumados al tiempo cada vez más comprometido de los padres en el trabajo y otras ocupaciones, hacen que los niños compartan menos con ellos, y frecuentemente, ese poco tiempo, de forma no del todo adecuada. Hoy por hoy muchos padres y madres buscan, por eso, soluciones más o menos mágicas que les devuelvan el "control" que creían tener antes sobre sus hijos.

¿Cuál es la nueva realidad, entonces? En términos generales, sí se dispone de menos tiempo; sí incide esta disminución en la calidad educativa que debieran garantizar los padres; sí hay otros agentes actuando sobre los hijos; sí tienen los hijos distracciones que los alejan mucho de los padres.

El aporte educativo de los padres es esencial. De hecho, irreemplazable. Y esto plantea una gran dificultad: ¿si no hay tiempo, qué hacer? Se dice que, como alternativa, habría que intentar un tiempo compartido de mejor calidad. Suena bien. De hecho, valdría la pena que así fuera, pero, hay que decirlo, no es muy fácil de lograr. La persona que asume que le dedica poco tiempo a sus hijos, tiende a experimentar culpa por ese hecho, y la culpa lleva a que la calidad se resienta, porque en lugar de dar lo adecuado de la manera adecuada, se termina dando por demás, en forma muy "generosa y tolerante" para compensar la falta.

Cuando las cosas se dan así, resulta peor el remedio que la enfermedad. Además, como se acaba de decir, se nota que predomina el verbo "dar", que es lo que permite resarcir la falta, que el verbo "compartir", que es el que realmente educa.

Otras formas de afecto son importantes también, pero no reemplazan la vivencia que se tiene con los propios padres. Enfrentados a la paradoja de querer educar en la mejor forma pero sin tiempo para hacerlo, sí es importante que procure la mejor calidad humana en las personas que vayan a acompañar a sus hijos; sí es importante que les facilite las mejores actividades y los mejores instrumentos para cumplirlas; sí es importante que elija el mejor colegio posible; pero sigue siendo fundamental que la calidad de los encuentros suyos con ellos sean auténticas formas de compartir. Que lo "poco" sea "mucho", en cuanto esté a su alcance, pero eso sí, sin culpas ni remordimientos.

JORGE ALBA | EL TIEMPO

Grupo de diarios de América

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