Para mejor suerte de los interesados por la historia de nuestro fútbol y nuestros futbolistas, el esperado segundo volumen de Reyes, príncipes y escuderos, libro del prestigioso periodista Franklin Morales, vio finalmente la luz, tras un arduo trabajo de investigación que se adivina no bien el lector se introduce en su lectura.
Este segundo volumen de Morales continúa la zaga de narrar episodios trascendentes de la vida de grandes nombres de nuestro fútbol, que el autor promete continuar en trabajos futuros. Si en el primero estuvieron Atilio García, Zapirain, Schiaffino, Máspoli, Spencer, Gambetta, Elbio Pavoni, Walter Gómez, Ernesto Vidal, Alzamendi y otros menos recordados como Julio Benítez o Sixto González y hasta el mítico juez Esteban Marino, en este hay menos nombres, pero acaso tratados con mayor profusión de datos. Obviamente que no todos tienen la misma extensión, así como la vida de cada jugador y cada individuo se explaya por más o menos mojones que merezcan narrarse. Morales se extiende en la riquísima historia de José Sasía y su profuso anecdotario en una trayectoria que supo de interesantísimos vaivenes y una personalidad por demás atrayente, mientras que destina menos páginas a Washington Ortuño, un jugador poco conocido para el gran público pero que el autor eligió incluirlo junto a los restantes cinco fantásticos jugadores (Hohberg, Julio Pérez, Porta, Francéscoli y el mencionado Sasía) porque entendió que su historia, de ribetes particulares, signada por un componente trágico, merecía conocerse.
Acaso pueda extrañar a algún lector la inclusión de Enzo Francéscoli, un jugador casi reciente en una zaga que, un general, parece destinada a perpetuar la memoria de glorias desaparecidas, pero Morales quiso precisamente mostrar que la grandeza de los elegidos debe destacarse por encima del homenaje post mórtem. Su libro, pues, apunta a contar historias de los que han sido tocados por la varita mágica de la genialidad y no a hacer apologías discursivas de gigantes muertos. Ya en el primer volumen figuraban nombres (Alzamendi, Pavoni, Spencer) de ídolos con quienes todavía puede cualquier aficionado cruzarse en las gradas de una cancha de fútbol.
En definitiva, es un libro coleccionable y por eso integra precisamente una zaga que podría ser infinita y en la cual los uruguayos tendrán, a medida que se vaya extendiendo, un panorama global de nombres gloriosos.
"Pepe" Sasía, símbolo de la mejor estirpe, el guapo de barrio
Noson novedad para nadie vinculado al deporte los profusos conocimientos que Franklin Morales acumuló en tantos años de consagrarse con infinito entusiasmo al periodismo y a la investigación de la historia del deporte, pero de todas formas se hace imprescindible destacar que en este libro el autor muestra una vez más su notable bagaje, porque cada una de las historias está matizada con exactos apuntes de hechos que a veces no hacen al propio personaje pero que sí importan en el paralelismo temporario.
Morales muestra en estas historias su afinidad con cada uno de los personajes abordados. Parece considerar que Hohberg fue un jugador inigualado en su exquisita técnica, haber sentido por Ortuño inmensa pena por no haber podido desarrollar la carrera que sus condiciones merecían, siente por Francéscoli la particular afinidad de haber sido parte de su catapulta hacia la consagración internacional, simpatiza profundamente con la personalidad visceral de Julio Pérez y destina a Porta también una considerable extensión de páginas, pero sigue siendo obvio que su debilidad, entre todos ellos, es el "Pepe Sasía", el clásico guapo de barrio, el "cara de murga y nariz de rey" con que lo pintó en la letra de una canción Enrique Estrázulas.
Queda subyacente en el libro de Franklin Morales que ese es el jugador que los uruguayos quieren, con sus virtudes y acaso también con sus defectos.