El debate educativo

MARIA JULIA POU

A pocos meses de iniciada la consulta para una reforma educativa hay conclusiones primarias: a) la convocatoria tiene poca respuesta; b) los objetivos de la consulta ciudadana no se cumplen y predomina la comunidad educativa; c) surgen más reclamos puntuales que propuestas generales, tipo preocupaciones de padres por el estado edilicio, docencia recibida, o reclamos de los educadores (salarios, horarios, reposición de materias, cogobierno).

Creemos necesario hacer una pausa, cosa de permitir a las autoridades políticas un análisis crítico y a los especialistas técnicos -educadores y otros- una reflexión con propuestas con el fin de reencauzar el proceso. Seguir improvisando o esperando que por arte de magia el conjunto ciudadano comience a participar y hacer propuestas que conduzcan el sistema educativo nacional a las mejoras necesarias es una utopía o una demostración de ingenuidad.

Cuando se convoca de forma amplia y abierta al debate educativo es razonable pensar que se pretendía que el tema no fuera el resultado de una política de Gobierno sino una de Estado o Nacional. Creemos que hay instancias a recorrer, cosa de ordenar el debate:

1) Discusión conceptual sobre políticas de Gobierno, de Estado o Nacionales, con lo cual los asistentes tendrán conceptos claros de qué están haciendo y sus limitaciones y responsabilidades, que no es más que entender que lo que se pretende es una construcción entre todos y que nadie sabe de todo como para imponer recetas.

2) Proyecto de país, y en función de ello qué educación necesitaremos; ¿vamos a una sociedad y economía del conocimiento o nos estancamos en un país de materias primas y procesos industriales rutinarios? En este punto el aporte de académicos con formación terciaria, empresarios, políticos, representaciones institucionales y el ciudadano individual es fundamental.

3) Planteo sobre objetivos a alcanzar, que implica cuán preparados queremos a nuestros hijos y nietos y qué áreas entendemos se deben introducir o mejorar, para lo cual los académicos de la Educación tienen un rol relevante pero no excluyente.

4) Discusión de medios a utilizar y generar, comenzando por una ley marco de la educación donde se jerarquice la misma y sus profesionales -implica valorar, exigir y retribuir la actividad académica en todos sus niveles- sin descartar otras leyes o decisiones más concretas y concretables que impliquen mejoras reales para alcanzar logros tangibles, tanto en el ámbito académico, como económico y social. La educación en ciencias, matemáticas, física, computación e inglés debe estar presente.

5) Discusión sobre los cometidos e integración de las instituciones del sistema, existentes o a crear.

Finalmente hay que tener claro que hay requisitos que facilitan el diálogo constructivo, a los cuales debemos prestarles atención: a) pensar y dialogar con amplitud de miras, tolerancia y espíritu constructivo; b) desde lo sectorial mirar y atender el "todo", esforzándose por superar legítimos pero estrechos intereses; c) en lo general reclamar un contexto integrador, previsible y sustentable: no se puede generar una política de Estado de Educación que prescinda de aspectos productivos, económicos, políticos y sociales, y d) en lo temporal pensar en y con prospectiva, o sea con voluntad de "construir, entre todos, el futuro".

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar