Lula llega ileso a su semana clave

Con otro incidente de corrupción a su alrededor, el presidente va camino a que Brasil le renueve la confianza

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AP

BRASILIA | AP y EFE

La incendiaria retórica del dirigente sindical de izquierda, devenido candidato a la presidencia cuatro años, ya quedó en la historia. Hoy, el mandatario brasileño Luiz Inácio Lula da Silva se presenta a la reelección como un "moderado" en una América del Sur que oscila entre la decreciente influencia de Estados Unidos y el creciente radicalismo de Venezuela.

No solo eso. Lula ha demostrado una admirable resistencia a los escándalos, que ha sorteado diestramente desde junio de 2005 siempre en base a la misma arma: "Yo no sabía nada". Mientras tanto, la oposición encara estos últimos días antes de las elecciones del domingo con la intención de quemar toda la pólvora que le resta para forzar una segunda vuelta.

Unos 125,9 millones de brasileños elegirán presidente y vicepresidente, gobernadores y vicegobernadores, toda la Cámara Baja federal y un tercio de la Alta. Además, también serán electas las asambleas legislativas estaduales y del Distrito Federal, Brasilia. Pero la mayor incógnita radica en saber si Lula ganará en primera vuelta, o si deberá vérselas con Geraldo Alckmin, del Partido Social Demócrata Brasileño (PSDB), el 29 de ese mes.

Las encuestas de los institutos Datafolha e Ibope mostraron el fin de semana que Lula retrocedió en el mes de uno a dos puntos y se ubica con 47% a 49% de las preferencias. Alckmin repuntó y se ubica con 33% a 34%.

Pero tomando en cuenta el margen de error y el poco tiempo que resta para los comicios, la oposición debe aún quitarle a Lula otros cuatro o cinco puntos para lograr una segunda vuelta, donde confían en derrotarlo.

Desde que un diputado aliado del gobierno denunciara en junio de 2005 que el oficialista Partido de los Trabajadores (PT) había pagado sobornos mensuales de miles de dólares a varios legisladores para que apoyaran sus proyectos, la palabra "corrupción" ha rondado el entorno cercano a Lula. Sus más cercanos colaboradores en el gobierno, incluyendo ministros, debieron renunciar o fueron sustituidos. También debió renovarse la cúpula del PT. Lula salió indemne.

El 15 de setiembre de este año, a quince días de las elecciones, dos miembros del PT fueron detenidos con 800 mil dólares que presuntamente serían utilizados para comprar documentos comprometedores sobre líderes opositores. Nuevamente rodaron cabezas en el partido de gobierno. Lula, quien atribuyó estos hechos a "una conspiración de las elites" y la prensa, declaró sentirse "traicionado" y no dudó en distanciarse de sus colaboradores. Y en todos los casos alegó que no estaba al tanto de lo que ocurría. "Un padre no puede saber todo lo que hacen los hijos", dijo.

Hasta ahora, las encuestas muestran que ha salido airoso. Pero no por ello la oposición ceja en su esfuerzo de llegar al balotaje. El PSDB y sus aliados celebraron ayer en San Pablo el acto "Por un Brasil decente", donde hicieron un llamado a la "restauración de la moralidad".

El acto se alimentó, justamente, del último escándalo que afectó al PT. La ubicación no es antojadiza: se sabe que si un candidato pierde la elección en el estado de San Pablo (donde está el 22,2% de los electores) su derrota está sellada.

Lo cierto es que los escándalos pueden obligar a Lula a hacer algo que hasta ahora no ha hecho en la campaña: presentarse a un debate por televisión. El último será el jueves. La candidata del Partido Socialismo y Libertad (PSOL), Heloisa Helena, ex integrante del PT de donde fue expulsada en 2003, azuzó al mandatario pidiéndole que "baje de ese trono podrido de corrupción, arrogancia y cobardía" para verse "al menos una vez" cara a cara con los otros candidatos.

Acto

"Por un Brasil decente" es el sugestivo título que eligió ayer el PSDB para su acto en San Pablo

Entre los pobres y el FMI

De portaestandarte en el repudio a la deuda externa y al Fondo Monetario Internacional (FMI), del Lula sindicalista al Lula presidente hay un abismo. En su gestión, restringió gastos públicos y generó excedentes presupuestarios suficientes para pagar de una sola vez los 15.000 millones de dólares adeudados al FMI.

Pese a que efectivamente ha logrado beneficios graduales para los pobres, también ha conseguido ser visto por buenos ojos por su conducción firme de la macroeconomía, a gusto de los grandes organismos financieros.

Pero su cambio no significó abrazar la política de Washington. Lula chocó de frente con el presidente George W. Bush sobre la creación del Area de Libre Comercio de las Americas (ALCA), que llegó a identificar como un proyecto de EE.UU. para anexarse América Latina. La oposición de Brasil fue fundamental para que ALCA jamás despegase. ap

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