TREINTA Y TRES | M. RIVERO
Rodeado de ese aura que tienen las estrellas del fútbol, amplificada por la frecuente exposición mediática, entre polémico y carismático, Treinta y Tres siempre reconoció en Darío Silva más que un embajador, un hincha de su pueblo, y éste como pocos supo ganarse un lugar bien alto.
Internet le permitió seguir de cerca lo que pasaba en su Treinta y Tres a través de las radios, se enganchaba con los programas, a veces intercambiaba algún que otro mail y gustaba escuchar folklore, lejos de la Patria.
Sin embargo, cuando venía a su ciudad natal no era frecuente verlo por las calles. Siempre prefirió refugiarse en la intimidad hogareña, con su familia en el campo que fue su preocupación ir extendiendo, o en alguna recorrida en lancha por el río Cebollatí aguas abajo, a pescar y quedarse algunos días si el calendario lo permitía.
SOLIDARIO. Darío tiene el "sí" fácil, sobre todo cuando es para colaborar en algún partido benéfico, como tantas veces ocurrió, juntándose con los compañeros de la Mutual para llenar el Estadio Centro Empleados de Comercio de alegría, fútbol y solidaridad, ya fuera para apoyar al hospital local o para una adolescente que se debatía víctima de una gravísima enfermedad.
Siempre tuvo tiempo para conceder una nota a los medios locales, aunque fuera de pasada por el pueblo o por celular, antes de subir a un avión.
Siempre pudo retrasar un poco algún partido para sacarse una foto con el cuadro de baby fútbol, o para firmar algún autógrafo, a las decenas de niños (y no tan niños) que lo esperaban con admiración.
SU PAGO. Pero indefectiblemente, en cualquier partido que jugara, todos sabían que en el segundo tiempo Darío se ponía la casaca roja, la de Treinta y Tres, y el estadio deliraba, se venía abajo al verle profesar ese amor por su pago que siempre sintió y nunca escondió. En abril de este año recibió un testimonio de ese reconocimiento: la emisora local FM Conquistador le entregó su premio "Quijote a la trayectoria deportiva", que recibió con emoción.
Darío, uno de los hijos pródigos del departamento, no está solo.