Lecciones

La desagradable experiencia que ha vivido Uruguay estos días en referencia a la instalación de la empresa ENCE, debería permitir que el gobierno y el país entero sacaran varias lecciones.

Primero que nada comprobar lo lamentable de la actuación de quienes dirigen la política exterior nacional. Mientras Argentina salió a recorrer el mundo y a hacer valer su poder económico para frustrar la inversión en Uruguay, nuestros dirigentes hicieron la plancha, adormilados por la certeza de la fuerza jurídica de la posición nacional. En el mundo de las finanzas globales, a la razón hay que acompañarla con trabajo, si no pasa lo que pasó.

Otro dato importante, es la falta de reacción que se ha visto en el gobierno. Mientras hace meses que todo el mundo sabía que ENCE preparaba sus maletas (lo de la reubicación no se lo cree nadie), el gobierno insistía cándidamente que no sabía nada, y que todo seguía viento en popa. O en el gobierno viven en la estratósfera, o se piensan que la gente es boba. Si en vez de cerrarse a la realidad, hubieran tomado medidas activas, tal vez el desenlace hubiera sido otro.

Pero de nada sirve llorar sobre la leche derramada, ni gastar tiempo y dinero en pensar represalias contra la empresa española, como se ha sugerido por varios jerarcas. Ahora habrá que aguantar el tono jactancioso de personajes como la piquetera devenida jerarca ambiental argentina. Entre los disparates que ha dicho es que la actitud de ENCE da la razón a su gobierno, y que exigen que si se relocaliza, sea con autorización de su país.

Habrá que avisarle que el hecho de presionar a una empresa con amenazas y gestiones a medialuz, difícilmente pueda considerarse una validación legal o moral. También que está aún por verse en La Haya quién tiene razón sobre si debemos pedir permiso, cada vez que se instale una fábrica en suelo uruguayo.

Ante la amenaza latente de que ahora los "hermanos" se lancen con brios renovados a intentar frustrar la instalación de Botnia, es de esperar que el gobierno asuma sus errores, y salga a defender esa inversión vital.

No sólo en los foros económicos, sino también de la politiquería miope sindical, que últimamente ha mostrado ser tan peligrosa para la inversión, como los piqueteros argentinos.

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