JAVIER GARCiA
Escuchando el discurso del oficialismo en estos días se extrae la conclusión que salvo los frentistas, el resto de los uruguayos estamos de acuerdo con las torturas y con las desapariciones que se produjeron durante la dictadura. Aquí hubo, según esta línea de razonamiento, miles y miles de uruguayos de tan baja calaña que hicieron lo im-posible para cuidar a una manga de delincuentes que violaron la Constitución primero, y los derechos humanos inmediatamente.
Razonar así es un enorme atrevimiento y una inmundicia. Si se quiere sostener esto que se diga lisa y llanamente, pero quienes lo dicen saben que mienten y por ello simplemente lo sugieren.
Empecemos por partes: veintiún años después de la restauración democrática nadie puede, sin tomarle el pelo a la gente, afirmar que lo que hoy aconteció se hubiera podido hacer en aquel entonces. Primero porque todo acontecimiento es hijo de su contexto, somos, sabemos, nosotros y nuestras circunstancias.
La salida reposó en la tranquilidad que les dieron los pactantes a los militares en el Club Naval. ¿Alguien se imagina a Gavazzo saliendo de un juzgado en 1986?
Cuando desde el Frente Amplio y el Partido Colorado se bombardeó la fórmula encontrada por Zumarán y Batalla para juzgar los delitos más graves cometidos en dictadura, ¿en virtud de qué compromisos previos esos partidos rechazaron aquella propuesta?
Posterior al plebiscito de 1989 mediante el cual se refrendó la ley de caducidad, ningún sector del actual partido de gobierno continuó con los reclamos. Sólo las organizaciones de familiares de desaparecidos siguió con su militancia en este tema.
También es verdad que hoy sabemos cosas que en aquel entonces no se sabían. Nadie tenía conocimiento que en Uruguay hubo asesinatos masivos, que de confirmarse con el denominado segundo vuelo, hablan de una política de exterminio.
Adjudicar por ello a quienes no integramos las filas del Frente Amplio la voluntad de encubrir el crimen es de una repugnancia que lo único que hace es descalificar a quien lanza la ofensa.
Por estas horas existieron coincidencias llamativas. Hace apenas quince días que un libro aparecido en plaza revela la existencia de negociaciones entre el gobierno actual y militares por las cuales si los acusados se hacían cargo de un caso específico, el caso Soba, los mismos serían juzgados aquí y se evitaría su extradición y la pena se estipulaba en un determinado tiempo. El libro tuvo la virtud de anticiparse a los hechos porque lo allí adelantado fue lo que sucedió. No sé cómo se califica esto pero así aconteció. En esto la justicia no tiene nada que ver ya que simplemente actúa en virtud de las pruebas y los testimonios que le van formulando. Si éstos fueron en consonancia con lo que el libro adelantó, el autor estaba bien informado cuando escribió su obra.
Si el actual gobierno quiere construir el futuro sobre la teoría de que hay un Uruguay justo que hoy amanece y otro cómplice donde se encubrió la barbarie, entonces entraremos en un tobogán de agravios, donde seguramente la mayoría del país pierda y unos pocos, esos que viven en los extremos y se nutren del enfrentamiento, sean los que ganen.
Sería bueno detenerse un momento, mirar adentro de nuestras casas y ver si nuestros hijos merecen que nosotros les regalemos el país a aquellos. En aquel entonces el tema fue la estabilidad institucional y se logró sin dudas.
Fue un logro blanco y de él estamos orgullosos.