TOKIO | EFE
Shoko Asahara, "gurú" de la secta Verdad Suprema, autora del peor atentado terrorista que ha sufrido Japón, será ejecutado en la horca después de que el Tribunal Supremo ratificara ayer su condena a la pena de muerte.
Asahara, de 51 años, ha agotado así todos sus recursos judiciales después de que el pasado 27 de febrero de 2004, el Tribunal Provincial de Tokio lo hallara culpable de haber inducido a su organización a cometer 13 crímenes que resultaron en la muerte de 27 personas.
De entre todas las fechorías perpetradas por su secta apocalíptica, el ataque múltiple del 20 de marzo de 1995 al metro de Tokio con gas sarín ha quedado grabado en la historia negra del país.
Doce personas murieron y 6.000 resultaron intoxicadas después de que varios de sus correligionarios sembraran el caos en el suburbano nipón al derramar el gas letal en un momento en que los trenes circulaban abarrotados, en plena hora pico de la mañana.
Los abogados de la defensa habían recurrido la sentencia a la pena capital alegando que Asahara sufre un desorden mental que no le permite afrontar un proceso judicial de semejante magnitud.
En la anterior instancia judicial, el Tribunal Superior de Tokio, los letrados presentaron con días de retraso los documentos al señalar que les había sido imposible comunicarse con Asahara.
Los cuatro jueces de la Corte Suprema se han negado de manera unánime a aceptar esa justificación.
"El hecho de que el acusado eligiera no comunicarse con sus abogados fue una de las razones de nuestra decisión. No sólo los letrados, sino el acusado en sí son responsables de las consecuencias", afirmó el juez Yukio Horigome tras poner fin a un proceso que ha durado una década.
El primer ministro, Junichiro Koizumi, respaldó el veredicto final: "fue un caso terrible y tenemos que tomar la decisión con seriedad. Cualquiera que sea el castigo tiene que ser cumplido conforme estipula la ley".
Los abogados emitieron un comunicado limitándose a afirmar que la sentencia era "parcial e injusta".
La viuda de uno de los empleados del metro, Shizue Takahashi, señaló a la prensa local que había esperado durante mucho tiempo que se ratificara la pena de muerte y agregó que ya no está interesada en escuchar una disculpa de Asahara, ni un gesto de remordimiento.
ATAQUE. El atentado contra el metro, de una magnitud sin precedentes en Japón, puso de manifiesto la vulnerabilidad del país ante el terrorismo y alertó a las autoridades ante el peligro que representan las sectas con tendencias apocalípticas.
Además de Asahara, cuyo nombre real es Chizuo Matsumoto, otros 13 miembros de su antigua organización también han sido condenados a muerte.
La mayor parte de los homicidios de los que se le responsabiliza fueron de abogados de los disidentes de la organización o de personas que luchaban legalmente contra los lavados de cerebro practicados por la secta y su progresiva marginación social.
En la sentencia de febrero de 2004 se indica que Asahara ordenó todos los actos criminales que le llevaron al banquillo, al creer que era un dios, y en nombre de una aparente salvación pretendió dar un golpe de Estado para demostrar que sus enseñanzas catastrofistas eran ciertas.
"No podemos evitar señalar que el motivo y el propósito de estos crímenes son demasiado vergonzosos y ridículos, al tratar de controlar Japón bajo el nombre de la salvación", señaló entonces el tribunal.
A pesar de las atrocidades cometidas por esta secta, Japón sigue sin reconocerla como un grupo terrorista, al contrario que EEUU y la Unión Europea.
Hoy sigue existiendo bajo el nombre de "Aleph". Los actuales responsables aseguran que sus enseñanzas se basan en el budismo y el yoga, y que pretenden despejar el camino hacia la iluminación de sus miembros.
El peor crimen de la historia de la isla
El sistema del metro de Tokio estaba repleto de gente a las ocho de la mañana del 20 de marzo de 1995. Cinco hombres, que trabajaron por separado y eran pertenecientes a la secta japonesa "Verdad Suprema" colocaron bolsas de plástico dentro de distintos vagones. Las mismas contenían gas sarín en estado líquido. Los hombres las perforaron con paraguas y salieron corriendo antes de que se expandiera el gas.
El sarín es un gas neurotóxico inventado por los nazis, considerado 500 veces más poderoso que el cianuro, que no fue utilizado durante la Segunda Guerra Mundial.
En junio de 1994, la secta diseminó gas sarín al pie de un edificio residencial de Matsumoto, matando a siete personas.
En 1999, la secta reconoció por primera vez oficialmente su responsabilidad en ambos atentados y presentó excusas. Verdad Suprema, que cambió su nombre por el de "Aleph" en 2000, tiene actualmente unos 1.600 fieles y sigue bajo estrecha vigilancia policial.
Cuando fue arrestado Shoko Asahara, en mayo de 1995 en la sede del grupo, cerca del Monte Fuji, la secta dirigía una fábrica química capaz de producir suficiente gas sarín para matar a millones de personas. AFP